Columnistas

Voz de esperanza en el mundo musulmán

‘La Primavera Árabe transformará todas estas dictaduras y monarquías en el mundo musulmán’

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:24 / 07 de noviembre de 2015

La lucha más importante del mundo en la actualidad es entre el modelo de ISIS y el modelo tunecino”, dijo Rachid Ghannouchi, quien visitó Nueva York esta semana. “No es entre el islam y el occidente. Es entre ISIS y nosotros”. Ghannouchi es el líder intelectual de Ennahda, el partido islamista de Túnez que a pesar de haber ganado las primeras elecciones libres del país, se comprometió con sus enemigos políticos, cedió poder y ayudó a que Túnez fuese el único éxito de la primavera árabe. Él explicó por qué la historia del pequeño país es fundamental para la lucha contra el islam militante alrededor del mundo.

“La única manera de vencer a ISIS de verdad es ofrecer un producto mejor a los millones de jóvenes musulmanes en el mundo. Lo hacemos: “la democracia musulmana” dijo. “A los jóvenes no les agrada ISIS, vemos cómo varios millones huyen de este, pero tampoco aceptarán la vida bajo tiranos”. Explicó que un “mejor producto” necesitaba ser un sistema político verdaderamente democrático y que respete a los derechos humanos, pero también permita al islam y sus valores algo de espacio dentro del sistema político. “Estamos construyendo el modelo alternativo en Túnez”, me expresó con orgullo.

Ghannouchi me dijo que, en su opinión, los miles de jóvenes que viajan para unirse al Estado Islámico eran similares a revoltosos descontentos que se convirtieron en guerrilleros marxistas en los 50 y 60. “Algunas personas buscan una ideología de protestas violentas contra el orden establecido. Eso no es extraño”, señaló. Hoy en día ha tomado un cariz religioso”.

“¿Cómo hemos llegado a estos terroristas islámicos?”, él me preguntó. “Por todo el Oriente Medio, los dictadores reprimieron el islam durante décadas. En Túnez, cualquier tipo de educación islámica estaba prohibida. Estaba vedado que las mujeres usaran velo. Las personas eran perseguidas si demostraban algún interés en el islam. Estas políticas produjeron una reacción, la generación de terroristas islámicos con quienes estamos viviendo actualmente”.

La historia de éxito de Túnez no es la versión de cuentos de hadas que es a veces contada. Los islamistas presionaron para obtener una mayor influencia de la ley islámica, estaban reacios a comprometerse y dejaron el poder solamente porque pensaron que el país explotaría si no lo hacían. Ha retornado la aplicación de elementos claves de la vieja guardia y el lugar permanece frágil, con la economía bajo una fuerte presión.

Sin embargo, la mayoría de las transiciones a la democracia están marcadas por luchas amargas. La democracia no vino amistosamente en Corea del Sur, Taiwán o Chile. Los dictadores se resistieron ferozmente. Hubo disturbios, arrestos masivos y violencia callejera. Solamente en retrospectiva uno puede mirar hacia atrás y hablar tranquilamente de transiciones democráticas pacíficas.

Túnez tiene algunas ventajas distintivas que la han ayudado. En una conversación con el jefe de gobierno del país, Habib Essid, un tecnócrata, le pregunté si me podía explicar el éxito del país. Primero señaló que Túnez ha existido como entidad política por 3.000 años (desde los tiempos del Estado púnico). En segundo lugar, destacó que Túnez es casi enteramente sunita, así que no posee las diferencias sectarias y tribales que crean fisuras en otras tierras como en Irak, Siria y Libia, que han sido Estados-nación modernos por menos de 100 años.

En tercer lugar, me explicó que bajo su primer líder tras la independencia, Habib Bourguiba, Túnez construyó instituciones políticas y administrativas fuertes. Ghannouchi subrayó otra ventaja principal: Bourguiba aseguró que el servicio militar fuera restringido y no político. Con referencia al retorno de los militares egipcios al poder y su destitución de la democracia, él señaló: “En Egipto, el ejército posee un país. En Túnez, el país posee un ejército”.

Además de todas estas ventajas estructurales e históricas, Túnez se ha beneficiado de dirigentes políticos inteligentes. Ghannouchi expone por qué su partido se comprometió. “La vieja guardia habrá perdido las elecciones, pero era todavía muy poderosa. Era la élite del país. Así que teníamos que hacer negocios con ellos.” Uno no puede ir hacia la victoria total, él refirió: la meta debe ser el consenso”. En una democracia estable, si uno gana la elección tal vez pueda hacer todo a su manera. Sin embargo, en una democracia joven necesitamos consenso y compromiso”. “Perdimos el poder”, sostuvo Ghannouchi, “pero ganamos a Túnez”.

Ghannouchi sigue siendo optimista respecto a la Primavera Árabe. “Las personas no volverán a las antiguas maneras de tiranía. Tal como la Revolución Francesa, la Primavera Árabe ha producido desorden, violencia y reacciones, pero, eventualmente, transformará todas estas dictaduras y monarquías en el mundo musulmán”.

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