Columnistas

Vuelve la cultura quechumara

Las similitudes lingüísticas de ambos idiomas invitan a inferir que provienen de un tronco común.

La Razón / Félix Layme Pairumani

00:00 / 17 de julio de 2012

El quechua y el aymara, jaqaru y runasimi, quizás surgieron de un solo idioma, la lengua madre podría ser el puquina. Porque las similitudes lingüísticas y culturales entre ambos son tan evidentes, que invitan a inferir que provienen de un tronco común.

La historia de los pueblos jaqi aru y runa simi aparecen en Paracas y Chincha. Desde allí se expandieron, uno más que el otro. Los primeros prefirieron la sierra y los otros los valles. A unos el frío les enseñó a ser aguerridos y rudos; a los otros, la tibieza climática les hizo afables y suaves. Esto, respecto a sus lenguas y a su trato social. La diversidad de sus nombres se esfumó en la oscuridad y la lejanía del tiempo. Pharaqa, Chincha, jaqaru, runa simi, aymara, qhichwa, Tiwanaku, Wari, Inka, Qulla son una muestra de ello, de una realidad histórica y política compleja que recién está siendo develada por algunos estudios. Sin embargo, si se lee con cuidado las toponimias del mundo centro andino, es posible afirmar que una sola lengua predominó en el espacio andino desde más allá de Cajamarca y Catamarca.

La fonología reflejada en un orden alfabético es idéntica; también lo son el parentesco o la tipología lingüística. Las dos lenguas usan sufijos de forma similar y tienen una misma estructura gramatical: las personas, el orden sintáctico, la ausencia de género, el orden adverbial y adjetival son los mismos.Incluso mantienen más de 1.500 palabras en común, tan sólo son distintos en los simbolismos de los sufijos. Un famoso lingüista especialista en cultura andina denominó a este paralelismo “quechumara”.

Las dos culturas tienen la misma genealogía, tienen la misma cosmovisión y concepción de espacio-tiempo. Ambas sociedades son comunitarias, con una concepción económica recíproca, de visión y organización política basada en la diarquía; comparten los mismos conceptos de ritualidad, propios de la religión de manifestación. A un antropólogo especialista en estas dos culturas, que aprendió a hablar sus idiomas, se le preguntó: ¿qué diferencias culturales encuentra en el aymara y quechua? La respuesta fue: “prácticamente ninguna”.

Los dos pueblos: jaqaru y runa simi, hoy aymara y quechua, son empiristas; la naturaleza les ha enseñado que la sabiduría está en la observación y la experiencia; y que la mejor técnica es saber hacer las cosas a su debido tiempo, pero para eso se requiere mucha paciencia. El dos en uno es un principio de poder en ambas culturas y fue capital para sus proezas. Ambas han aprendido que no hay un uno absoluto, que las cosas nunca son impares.

Los ataques del colonialismo y el neocolonialismo los han despertado, los trasnochados se fueron tras ellos, los que saben esperar dormidos en las cavernas hoy están tranquilos, y los que han aguardado que pase la tormenta se aprestan a dirigir la reconstrucción de su cultura. Ambos, quechuas y aymaras, han usado el cacicazgo colonial y republicano; se han apropiado del sindicalismo y del marxismo neocolonial, en el fondo están buscando su propio pensamiento, buscan el Pacha Kuti del que sus abuelos les hablaron.

Ahora, en el Pacha Kuti, van reconociendo su origen y están recuperando su lengua y cultura. Los que perdieron su identidad por el enorme prestigio de la civilización colonizadora hoy reflexionan la descolonización y están volviendo la vista a sus antiguas culturas maternas.

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