Columnistas

Wawa que llora...

Las leyes se quedan en logros de papel cuando en la práctica antecede la falta de valores.

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:08 / 18 de agosto de 2016

Han pasado 15 años desde que se promulgó la Ley 3460 de Fomento a la Lactancia Materna. La norma es muy clara al señalar las tres obligaciones que tienen las instituciones públicas y privadas con las madres trabajadoras o estudiantes: i) permitirles en periodo de lactancia llevar a sus bebés a sus fuentes de trabajo y de estudio, para que proporcionen lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida; ii) otorgar a las madres en periodo de lactancia el horario establecido en la Ley General del Trabajo en caso de que  no lleven a sus bebés a sus centros laborales; y iii) adecuar ambientes en los lugares de trabajo y de estudio para que las madres con niños lactantes menores de seis meses puedan amamantar en condiciones óptimas. Pero las leyes se quedan en logros de papel cuando en la práctica antecede la falta de valores o simplemente la grandeza de humanidad.

Hace un tiempo realizamos una encuesta con madres jóvenes en periodo de lactancia para conocer el cumplimiento de la Ley 3460. Las mujeres con las que conversamos estaban informadas sobre los beneficios de la lactancia, también conocían la norma y sus derechos al respecto, pero casi todas declaraban sentir temor a “molestar” o a que les llamen la atención si llevaban a sus bebés al trabajo. “¿A quién vas a atender, a tu wawa o el trabajo?”. Asimismo escuchamos testimonios que en voz baja repetían las frases que soportaban: —¿No ves que das mala impresión si tu bebé está lactando delante de los usuarios? —Mi esposa se quedaba en la casa para atender a mis hijos, usted debería hacer lo mismo; y finalmente una frase cargada de morbo: “¿No te da vergüenza que te miren los hombres?”.

Bolivia es el segundo país en la práctica de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, y esa es una muy buena noticia, pero es un triunfo contra viento y marea de las mujeres que trabajan. Ellas tienen que ingeniarse para cumplir con este derecho de madres y bebés improvisando cunas en los cajones de los escritorios, convirtiendo los rincones en espacios para la lactancia. Cuando realizamos la encuesta sobre la existencia de guarderías en las oficinas públicas, solo un ministerio contaba con una.

Según datos del INE, seis de cada 10 niños menores de dos años son amamantados por sus madres, eso está muy bien, pero las condiciones en que se cumple este derecho no guarda ninguna relación con el enorme beneficio que significa la lactancia para la mayor riqueza del país: su población. Cada entidad pública debería contar con una guardería donde las mujeres puedan amamantar sin sentimiento de culpa, sin pensar que están molestando, sin que tengan que ser amonestadas o humilladas por quienes ignoran los derechos de las personas. 

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