Columnistas

William y el alma humana

Nada que hacer, nada es más poderoso que el conocimiento, y Shakespeare lo sabía

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:06 / 16 de mayo de 2014

Quién gobernaba Inglaterra cuando el 23 de abril de 1564 nacía William Shakespeare? ¿Quién reinaba cuando murió en 1616? Vaya uno a saber. El Poder, con mayúscula, es tan efímero que dura unos días y luego la arena lo borra.

Pero Shakespeare ha sobrevivido 450 años y los hará 4.500 más, porque lo suyo es el poder —en minúscula— de la sabiduría, es el conocimiento del alma humana, de los meandros más oscuros y los más luminosos del más incomprensible de los seres que habitan el planeta. E importa poco si es que realmente el bardo de Stratford existió o no, si fue el seudónimo de Francis Bacon o de un grupo de escritores. Lo que queda es su obra, y la gran oportunidad de reflexionar sobre ella.

La compañía de teatro Globe recorrerá el orbe presentando Hamlet y llegará en unos meses más a Bolivia. Así anunció la embajada británica en nuestro país. Habrá que ir reservando entradas.

Me pregunto, ¿por qué la tragedia del príncipe de Dinamarca es la más representativa de un autor que escribió tantas obras? ¿Por qué no los es Macbeth, tan profunda como Hamlet, que trabaja sobre la angurria, sobre el precio del Poder, sobre vender el alma al diablo? ¿Por qué no Romeo y Julieta, quizá la más conocida de los trabajos de Shakespeare, vívido testimonio de la desgracia para los que odian, y que tiene en el monólogo de la bella antes de tomar el veneno uno de los más importantes cuestionamientos que recuerdo en mi vida, porque ella duda de tomar la pócima y piensa que tal vez el sacerdote que la casó con Romeo quiera matarla para tapar su falta. Pero aún así se arriesga, y es que amor es asumir los riesgos, no quedarse inmóvil al borde del camino.

Arriesgarse es también la frase: “Te cojo la palabra, Julieta. Dime tan solo: ‘¡Amado mío!’, dame ese nuevo bautismo, y nunca, ¡oh!, nunca volveré a ser Romeo”. Porque el amor nos transforma, nos da identidad, nos refunda. ¿Por qué no Antonio y Cleopatra, Sueño de una noche de verano, y un largo etcétera?

Quizá la respuesta esté en que Hamlet, frente a la calavera de su bufón, inaugura una nueva época, es decir, da a luz a la modernidad, el reino de la razón a través de esa frase única: ser o no ser. A partir de ahí, el imaginario, en el mundo entero, cambió.

Nada que hacer, nada es más poderoso que el conocimiento. Shakespeare lo sabía. Por eso el teatro que hizo se desarrolla en medio de los leprosarios y los burdeles, porque la cultura nace y se desarrolla en el arrabal.

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