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Wittgenstein

Wittgenstein no es cualquier tesista, fue el alumno más brillante de Russell. Había terminado de escribir su Tractatus logico-philosophicus en 1918 mientras era prisionero de guerra.

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas T.

05:11 / 09 de septiembre de 2019

No se preocupen, sé que jamás lo entenderán”, con esta frase Ludwig Wittgenstein terminaba su defensa de tesis y se acercaba a dar un par de palmaditas en los hombros a Bertrand Russell y a George Edward Moore, ambos tribunales de la defensa de su tesis doctoral, un 18 de junio de 1929. ¿Cómo puede ser posible que Bertrand Russell y G.E. Moore, de lejos los filósofos más importantes de Cambridge, fueran tratados como unos idiotas por un tesista?  Inicialmente, Wittgenstein no es cualquier tesista, fue el alumno más brillante de Russell. Había terminado de escribir su Tractatus logico-philosophicus en 1918 mientras era prisionero de guerra. Y Russell se ocupó personalmente de su publicación en 1921. El Tractatus pasó a convertirse en uno de los libros más importantes de filosofía, compartiendo el firmamento junto con el Discurso del método, de René Descartes; La Ética, de Baruch Spinoza; o la Crítica de la razón pura, de Immanuel Kant.

Sin embargo, su autor, muy admirado en Austria e Inglaterra, decidió convertirse en un profesor de escuela, renunciar al dinero de su herencia y no optar por el grado académico. Parecía que Wittgenstein quería solo y únicamente vivir tranquilo. Eso no hubiera sido malo si no hubiese ocurrido que ya con 40 años, en 1929, y cosechando las malas decisiones económicas que había tomado, Wittgenstein se encontraba en banca rota.

Fue entonces que optó por regresar a la Universidad de Cambridge en busca de una plaza. Pero el autor del Tractatus, como lo dijimos, no tenía grado académico, y por mucho que gozara de la admiración de los profesores más renombrados, sin credenciales académicas era imposible hacer algo al respecto. Entonces, Bertrand Russell y G. E. Moore le propusieron a Wittgenstein presentar su Tractatus logico-philosophicus como tesis doctoral, y así lograr el grado académico que precisaba. ¿Quién en su sano juicio iba a objetar el Tractatus y a Wittgenstein?

Entonces se montó una “dizque” defensa de tesis, que más pareció una puesta en escena teatral. Wittgenstein dijo al respecto: “No he presenciado en toda mi vida nada tan absurdo”. Pero los rituales de institución son eso, rituales de institución. Imaginamos que Russell y Moore estaban más nerviosos que Wittgenstein esa noche de 1929, pues no querían ser abochornados por uno de los filósofos más importantes de principios de siglo que buscaba un grado académico.

Sin embargo, el bochorno sucedió: “No se preocupen, sé que jamás lo entenderán”, la frase coronaba la defensa de tesis más inusual en la historia de Cambridge. ¿Qué es lo que Russell y Moore no entendían? No hay un registro de esa defensa, solo esta anécdota referida por el biógrafo de Wittgenstein, Ray Monk.

Farit Rojas T.

Es abogado y filósofo

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