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Xiao Xian, una fantasía en China

¿Qué hacen teatreros bolivianos fantaseando sobre un viejo capitán proxeneta chino en los Montes Fucsia?

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo

00:33 / 14 de marzo de 2018

El encargado de cobrar las entradas está leyendo una novela del japonés Haruki Murakami. La obra se llama Kafka en la orilla, y el lector responde al nombre de Cristian Mercado, actor y hombre para todo. Dice que la novela está buena. Lo que vamos a ver, de estreno, en El Desnivel (el espacio alternativo de teatro de Sopocachi) se llama Xiao Xian, del director y dramaturgo Miguel Ángel Estellano, con la actuación de Kike Gorena y la música de Jaime Zamora. Es un desafiante cuento chino. ¿Por qué China ha ocupado desde siempre un lugar de privilegio en la imaginación occidental? ¿Qué hacen teatreros bolivianos fantaseando sobre un viejo capitán proxeneta chino en la región oeste de los Montes Fucsia, a este lado del río Oriental? ¿Qué buscamos cuando, desde la tierra de la tarde, nos acercamos al lugar donde nace el sol?

China siempre ha sido para nosotros otro lugar: imaginado, misterioso, lúgubre, maravilloso, lo que usted quiera, pero siempre otro. Una heterotopía opuesta y viva únicamente en la imaginación de escritores como Estellano. China es lo remoto, y allá están las viejas oficinas del capitán que trafica con bebés robados y prostitutas baratas. Están muy lejos de nosotros. ¿O no?  

Su distancia (geográfica y cultural) y su singularidad convirtieron a China en un secreto, en un acertijo indescifrable por lejano. ¿Funcionaría la obra si no estuviese ambientada en China? No. El trabajo del monologista Kike Gorena —al cual vimos hace poco en otra gran obra: De retro en un Rolls-Royce— es sublime: el laburo con el cuerpo y especialmente con la voz (ronca y cascada de tanto fumar y beber, “como chino”) es uno de los muchos aciertos en esta fantasía llamada Xiao Xian.

Las sombras de la enigmática obra (como puzzle) nos hablan de crímenes perfectos, de fantasmas, de niños retenidos que claman por el tibio olor de la venganza contra un viejo capitán, contra un padre, contra una bestia mitológica y china.

La composición y producción musical es un protagonista más, y no menor, en la propuesta estética de la obra, un ente vivo. Este cuidadoso trabajo es fruto del talento de Jorge Zamora (también tiene una banda que se llama La perseguidora), el cual combina instrumentos nativos (de la OEIN) con baterías a ritmo de jazz y mezcla en vivo de músicas tenebrosas y no-luces agobiantes. La ascética puesta y la escenografía (apenas el escritorio de un burócrata, una botella robada de whisky importado y una taza de café) materializa el agujero a través del cual el inspector adjunto Zen espía al capitán, se deja seducir manso por una de sus mujeres y planea asesinarlo. El esmerado trabajo gráfico corre a cuenta de la diseñadora Maki Martínez Kondo. El resto (esa atmósfera rara, poética, ese viaje fantástico hacia el Lejano Oriente, ese tugurio infame…esa pesadilla) lo pone la mente de Estellano y sus disparaderos: decenas de películas y teleseries, historias de samuráis, peleas de Bruce Lee y Jackie Chan y, claro, literatura…

Otros muchos, antes, y otros muchos, después, también viajarán por el universo de Las mil y una noches. Lo hizo Borges con su guardián chino de los libros y su muralla, con su Jardín de los senderos que se bifurcan, con su manual de seres imaginados y zoología fantástica. Lo hicieron el italiano nacido en Cuba Ítalo Calvino y el gaditano Rafael Alberti. Lo hizo “el cuervo” Kafka cuando lo visitó por primera vez el “sueño de la mariposa” después de leer el cuento de Chuang tzu, escrito 300 años antes de Cristo: “Chuang tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa y estaba soñando que era Tzu”.

No hay lugares remotos en sí mismos. La fabulación (china), de lo mismo y de lo otro, te esperan en El Desnivel, todos los domingos de abril. Decía la paceña Moira Bailey J. en esa joyita llamada Viaje a lomo de tigre: doce ensayos sobre el idioma chino (editorial Verdehalago, 2002) que el chino es una lengua hecha de callejones invisibles. Xiao Xian es eso: un callejón oscuro, onírico y temible, como éste en el que El Desnivel desemboca en una mesa donde Mercado lee a Murakami y su Kafka (Tamura) en la orilla.

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