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Yira, yira...

Mi abuelo tenía razón: todo da vueltas como una gran pelota, todo da vueltas, casi ni se nota...

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

00:00 / 27 de octubre de 2013

Mi abuelo decía que nunca hay que creerse demasiado, porque el mundo yira, yira. Un día estás de un lado del escritorio, pero al siguiente probablemente estarás del otro lado, y ahí (parafraseando a Gardel) verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa...

Ha debido ser muy duro para nuestro Presidente y algunos de sus colaboradores sentir en carne propia ese giro de eventos esta semana. Ayer eran ellos quienes resistían la erradicación de cocales y escapaban al monte perseguidos por los umopares. Hoy, del otro lado del escritorio, les toca ponerse fuertes, aplicar la ley y detener y castigar a quienes han emboscado y asesinado cobardemente a los militares, policías y civiles que se aprestaban a erradicar sus cocales.

En 2002 una situación similar, con la muerte de tres militares y un policía (además de cuatro cocaleros) sirvió de excusa al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y a sus aliados para expulsar al entonces diputado Evo Morales del Parlamento. Lo que nos viene a confirmar que mi abuelo tenía razón: todo da vueltas como una gran pelota, todo da vueltas, casi ni se nota...

Y ya que estamos musicales, la frase más adecuada ante estas circunstancias es: “otra cosa es con guitarra”. Muchas actitudes y frases que para el dirigente de un sector suenan bravas, valientes, invocadoras, cuando se está al otro lado del escritorio, se deben nomás interpretar como desafíos al orden, a la ley, a las normas que uno se ha comprometido a cumplir y hacer cumplir, pues de otro modo no habría Estado de derecho.

La expulsión del diputado Evo Morales del Parlamento en enero de 2002 fue el prólogo de eventos políticos que todos conocemos, y que han convertido a ese dirigente cocalero en el Presidente de todos los bolivianos. Si bien es fundamental en su historia personal y política, hoy su origen como cocalero deja de ser relevante cuando se trata de tomar decisiones acerca del rol de la coca en la economía y la sociedad bolivianas. Y, especialmente a la hora de juzgar a quienes —en supuesta defensa de la coca— emboscan, torturan y asesinan.

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