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Por si acaso

Las pirámides se hacen de a poco, reclutan gente día a día y crecen a la vista de todos

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:02 / 01 de octubre de 2015

Trabaje cómodamente desde su casa y genere ganancias desde $us 1.000, no se requiere experiencia”, “Invierta Bs 100 y gane 40.000”. Anuncios de este tipo son tentadores y encienden los foquitos de ilusión que todos tenemos. Hay quienes están más informados y dejan pasar la oferta, pero hay otros que tomarán nota del teléfono, llamarán y esperanzados engrosarán las filas de la que podría ser una empresa multinivel ilegal, que en términos comunes se denomina pirámide.

En 2009 la Asfi publicó el documento Estafas piramidales. Lecciones aprendidas, en el que advierte que las pirámides son un proceso fraudulento de captación de dinero con la promesa de grandes ganancias que crecen con la captación de más aportantes, quienes se incorporan ilusionados por las ganancias de quienes los reclutaron. “Los estafadores y sus primeros clientes podrán ganar mucho dinero, pero muchos más clientes lo perderán a la hora en que la pirámide se derrumbe”. La información pasa de boca a oreja en forma de testimonios: “Mi vida ha cambiado, es como un milagro”. Toda ocasión o lugar es bueno para hablar sobre el tema, las reuniones familiares, el trabajo, los grupos de amigos. En fin, todos son posibles reclutas para el ejército de estafados.

En su informe la Asfi pone de ejemplo el caso Roghel de Bolivia, “el señor Windsor Goitia, pastor de una iglesia protestante, estableció una relación con los feligreses y sus familiares, prometiéndoles utilidades iniciales hasta del 20% de rentabilidad mensual, con la única condición de que le traigan a igual número de personas, y esas tantas a otras tantas. Como ya tenía a su favor la credibilidad y confianza de quienes le rodeaban, éstos le entregaron a ciegas su dinero”. La Asfi calculó que entre 2005 y 2008 Roghel captó al menos $us 40 millones.

Es posible que al derrumbarse una estafa piramidal se capture al estafador, pero no es suficiente, porque los estafados, que pueden ser cientos de miles, probablemente pierdan todos sus ahorros e incluso lo prestado, además de romper con su familia, quebrantar su salud y hasta piensen en suicidarse. Es necesario reparar el daño que han sufrido. En algún lugar están las ganancias, en dinero, propiedades o empresas, que el estafador ha acumulado, éstas deberían ser anotadas preventivamente con la actuación de las autoridades designadas para estos casos como la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), que es la responsable de indagar delitos de este tipo junto a las áreas especializadas de la Policía y la Asfi.

Informar a la gente sobre estas formas de estafa, investigar a quienes tienen actividades con esas características y realizar advertencias al público son tareas absolutamente necesarias. Las pirámides se hacen de a poco, reclutan gente día a día y crecen a la vista de todos.

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