Columnistas

La actitud colonialista sobre Todos Santos

El sentido de la muerte para el mundo indígena tenía (y aún tiene) un sentido mitológico.

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

01:35 / 01 de noviembre de 2016

Las crónicas de Guamán Poma de Ayala sobre la fiesta de los muertos dan cuenta de que los españoles, y en particular los clérigos, ponían un rostro de espanto cuando veían a los indígenas sacando a los muertos de sus tumbas a fin de celebrar el retorno de las almas al “mundo de los vivos”, y así poder reencontrarse y “convivir” con ellos, para evocar aquellos momentos idos y reproducir una relación que nunca se acaba.

Como si fuera una magna celebración, los indígenas —dicen las crónicas— se vestían con sus mejores ajuares, se sentaban alrededor de los restos de sus muertos, les hacían pasear y bailaban con ellos. En las tumbas bebían chicha y saboreaban las comidas preferidas de sus familiares en vida. Era todo un acontecimiento festivo. Por eso, en el mundo indígena la significación de la muerte no está articulada necesariamente al dolor y a la pena, sino que dialoga con la vida; y por la vía de esta relación emerge su verdadero sentido armonioso. El sentido de la muerte para el mundo indígena tenía —y tiene— un sentido mitológico.

Ahora bien, con una actitud inquisitoria y autoritaria, la Iglesia Católica no solamente condenó estas prácticas, sino, sobre todo, propició la prohibición de estos rituales “endemoniados”. Las razones que esgrimieron para tal efecto eran de tipo morales y de salubridad.

La prohibición de estas prácticas fúnebres indígenas formaba parte de una política de extirpación de idolatrías de la Iglesia, ya que, al igual como ocurrió con las “brujas” (que eran condenadas porque supuestamente invocaban a los demonios para sus rituales), los mast'akus preparados por los indígenas alrededor de las tumbas de sus seres queridos eran desdeñados por los religiosos, porque entendían a estas prácticas culturales como portadoras del mal, en tanto no coincidían con las “buenas costumbres” venidas de España.

La censura de estos rituales fúnebres formaba parte del sometimiento cultural de las poblaciones indígenas a las lógicas coloniales. Era una violencia simbólica, porque veían a los indios como desprovistos de alma, carentes de “ser” y, en consecuencia, sus prácticas religiosas no tenían sentido y se les condenaba al destierro en nombre del “ego conquiro”, es decir, el “yo conquisto” de los españoles.

Como si fuera una reproducción de esa mentalidad colonial, la actitud de extirpar a las almas persiste en la actualidad y está enraizada en algunas autoridades de gobiernos municipales. Muchos de ellos paradójicamente enarbolan el discurso descolonizador a los cuatro vientos; empero, reproducen actitudes colonialistas a nombre de “la higiene” y para evitar “desmanes” en los camposantos, impiden el ingreso de bebidas espirituosas y prohíben el armado de los mast'akus. A su vez, en el Viceministro de Descolonización hay un silencio con respecto a esta actitud colonialista de regular los rituales de Todos Santos. O sea, el “colonialismo interno” permea haciendo que el mentado discurso descolonizador caiga en un saco vacío.

Entretanto, aquellos familiares de los difuntos a los que no les permiten hacer este ritual al interior del Cementerio General de Cochabamba, como si fuera parte de una resistencia cultural, preparan sus mesas para sus difuntos en la riel que bordea el camposanto cochabambino, para así dialogar y compartir con sus ajayus en medio de un mast'aku empachado de comida y bebida a fin de celebrar la muerte y (también) la propia vida.

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