Columnistas

A acullicar, todos, sin excepción

El país está obligado a convencer a la comunidad internacional de la justeza de su demanda

La Razón / Perdido viajero - Rubén Vargas

01:39 / 04 de marzo de 2012

En poco más de una semana, el 13 y 14 de marzo, se reunirá en Viena la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas, mejor conocida, para no quitarle el aliento al lector, como la Convención de Viena.

Como es sabido, esta Convención considera a la sagrada hoja de la coca un estupefaciente. Como también es sabido, tal consideración es una barbaridad. Es igualmente sabido que el gobierno del presidente Evo Morales ha decidido poner fin a esa barbaridad. Para tal propósito ha “denunciado” a la Convención de Viena. Esto quiere decir que ha sacado al país del organismo internacional y ha condicionado su retorno a que la Convención deje de considerar a la sagrada hoja de coca un estupefaciente. La Convención tiene un año para pronunciarse sobre si acepta o no a Bolivia nuevamente en su seno. Eso ocurrirá más o menos hacia fin de año. Si la acepta, quiere decir que la “denuncia” ha surtido efecto y que la sagrada hoja de coca será redimida de las listas negras. Si no la acepta, quiere decir que la hoja de coca seguirá siendo considerada un estupefaciente y que Bolivia quedará al margen de la organización internacional de lucha contra las drogas. Esta situación, dicen los que saben de estos asuntos, no es nada deseable. Tal el panorama.  

Ahora bien, la reunión de Viena es decisiva para Bolivia. El país está obligado a convencer a la comunidad internacional de la justeza de su demanda. La estrategia gubernamental tiene tres ingredientes. Primero, el presidente Morales en persona presidirá la representación. Segundo, estará acompañado por una delegación de productores de coca. Tercero, para hacer barra por la delegación boliviana a la distancia, el 12 de marzo se realizará en todo el país una jornada de acullico.

   A esta altura, es poco probable que el mandatario Morales con su sola presencia determine el rumbo de la reunión de Viena. Es cierto que hace tres años fue, masticó coca en público, y fue aplaudido. Pero desde entonces las cosas han cambiado, empezando porque Bolivia “denunció” a la Convención y acabando en que la imagen internacional del Jefe del Estado está seriamente deteriorada: después del TIPNIS su imagen de “Presidente indígena”, que tan buenos réditos le dio en el pasado, es ahora poco creíble. Por otra parte, es menos probable aún que los delegados de otros países se impresionen ante la presencia de los productores de coca. Es más, esa presencia podría llevarlos a creer que la demanda de Bolivia es, en realidad, la demanda de los cacaleros bolivianos, interesados, por supuesto, en ampliar su mercado a las cuatro esquinas del mundo.  

Es de esperar, entonces, que más allá de los golpes efectistas, la delegación boliviana tenga argumentos convincentes para sustentar su demanda ante la Convención. Tarea nada fácil, pues se parte con muchas desventajas.  

Es una grave desventaja, por ejemplo, que Bolivia todavía no cuente con un estudio de la demanda de coca para uso tradicional. Es otra gran desventaja que el Estado haya renunciado a tener presencia en algunas zonas de producción de coca, como La Asunta, donde la Policía no tiene pisada. Es una enorme desventaja también que a la opinión pública nacional e internacional le queden pocas dudas de que la razón última para la construcción de la carretera por el TIPNIS es la ampliación de la frontera agrícola para la coca del Chapare.

Frente a este panorama, para que no nos vaya tal mal, habrá nomás que ir a acullicar a calles y plazas.

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