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La agridulce Cumbre de Lima

La Razón (Edición Impresa) / Tejiendo pistas - Xavier Albó

00:00 / 22 de abril de 2018

La primera cumbre regional fue convocada por el presidente de Estados Unidos Bill Clinton en Miami (1994), para consolidar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), lo que ya marcaba el liderazgo de ese país. De cierta forma, desde 2004 se le contrapuso la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur); antes Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) impulsada por Brasil a principios del 2000; y la “abuela” (el Sistema Económico de Latinoamérica, SELA), ya desde 1975. Su común denominador, frente al ALCA, era no incluir al “papá” (Estados Unidos).

La CNS/Unasur se creó formalmente en 2004 en una reunión de presidentes en el Cusco, Perú. Uno de sus objetivos iniciales fue promover una mayor coordinación entre los Estados, y a la larga impulsar la integración, que nunca llegó, entre dos organizaciones económicas: el Mercado del Sur (Mercosur) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Un episodio que nos toca de cerca ocurrió en 2008, cuando la flamante presidenta de Chile y de Unasur, Michel Bachelet, dio un espaldarazo al flamante presidente de Bolivia, Evo Morales, frente al acoso que le hacía la entonces llamada “nación camba”.

Algunas peculiaridades de la reciente y agridulce Cumbre de Lima fueron el hecho de que dos de los presidentes asistentes reemplazaron a su titular por impeachment, el anfitrión y el del Brasil. En este último caso con el agravante de que Dilma Rousseff (la renunciante) y sobre todo su antecesor, Lula da Silva, (“padre” del PT), se impondría cómodamente en las próximas elecciones si pudiese participar, pese a que muchos hoy aseguran que tiene “cola de paja”.

El presidente de EEUU, Donald Trump, va acumulado méritos para ser suspendido tal vez mayores que los de sus colegas “impichados”. Veremos qué pasa en los meses y años siguientes. Pero en esta ocasión Trump no asistió a la cumbre para poder atender la crisis de Siria desatada por un presunto ataque con armas químicas contra la población civil de la ciudad de Douma. Le reemplazaron su vicepresidente y su hija Ivanka.

Lenín Moreno, presidente de Ecuador, debió abandonar el cónclave por la crisis de los tres periodistas ecuatorianos que fueron secuestrados en la frontera con Colombia y posteriormente asesinados por un grupo disidente de las FARC. Y en días recientes otras dos personas fueron secuestradas por el mismo grupo. La recompensa conjunta de Ecuador y Colombia para quienes den pistas que permitan detener a los culpables se ha incrementado de $us 100.000 a $us 250.000.

De los 35 gobiernos inicialmente invitados a la cumbre participaron 10 presidentes de los Estados mayores de Sudamérica y el Caribe. Incluso en representación de Cuba participó Raúl Castro (hermano de Fidel), quien dimitió el jueves, entregando el poder por primera vez no a un militar, sino a un civil. A su vez, la mayoría de las diminutas islas-Estado del Caribe solo enviaron a representantes, como en el pasado. El país anfitrión le retiró la invitación al presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, por sus maniobras poco claras para mantenerse en el poder. Una paradoja de esta cumbre: Cuba sí, pese a la marcha atrás de Trump, pero Venezuela no.

Se aprobó por primera vez una declaración, ya previamente esbozada, de 57 puntos agrupados en siete grandes acápites sobre cómo avanzar en una gobernabilidad sin corrupción. ¿Serán estos 57 puntos solo “un saludo a la bandera” en esta agridulce realidad, o realmente serán el principio de un futuro mejor? Como ya había ocurrido en otras oportunidades, entre el 10 y el 14 de abril también se organizó una cumbre paralela en Lima de organizaciones sociales y populares del subcontinente.

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