Columnistas

Un aguado derecho

A la falta de agua siguió la falta de información eficiente y veraz de parte de EPSAS.

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:29 / 24 de noviembre de 2016

El acceso al agua es un derecho”, se puede leer en ambas caras de las facturas mensuales que envía EPSAS, la empresa que provee agua a las ciudades de La Paz y El Alto. Estamos convencidos de que el acceso al agua es un derecho, así está escrito en la Constitución Política del Estado (Art. 16 Inc. I; Art. 20 Inc. I y III y los Arts. 373 al 377). Quien cancela una boleta de pago siente que está respaldando el cumplimiento de esa sabia norma. ¿Qué sucede cuando de pronto ese derecho es negado a un sector de la población? Pues se convierte en un escrito sin valor, en una promesa incumplida, en una mentira.

En la página web de la empresa se puede leer textualmente: “EPSAS cuenta con su mayor Recurso Hídrico capáz (sic) de proveer el líquido elemento a las ciudades de La Paz y El Alto”. Ya sabemos que no es cierto. En las últimas semanas un centenar de barrios de La Paz y El Alto se quedaron sin agua o al menos su provisión fue racionada. Nadie sabe con certeza cuándo le proveerán agua desde la red, porque la escasez líquida contagió la escasez informativa. Al lado de ese falso ofrecimiento, EPSAS continúa anunciando “Cobertura de servicios a ciudades de La Paz y El Alto, expandiéndonos a pasos agigantados”. Cuando escribieron ese anuncio seguramente no imaginaron que sus agigantados pasos se dirigían directamente al abismo que ahora estamos viviendo.

A la falta de agua siguió la falta de información eficiente y veraz respecto al horario de abastecimiento en red y los días de corte. Los directos beneficiarios de la confusión son los agiovendedores, quienes triplicaron los precios de los tanques, los tachos, los turriles o cualquier otro objeto que sirve para acopiar agua. Los días de abastecimiento el líquido no es transparente, como debería ser el agua potable, por tanto, las empresas que proveen de botellones apagaron sus teléfonos porque ya no pueden con tantos pedidos, los supermercados venden agua como agua, y cada quien cobra como oro todo aquello que a esta altura escasea. Ellos no quieren que esta desgracia termine.

Las redes sociales mezclan la información real con el chisme, insultos de un lado y del otro. No se necesita ser muy avispado para reconocer lo útil de lo desechable; sin embargo, no faltan los que creen la mentira que finaliza “lo dijeron en CNN”. ¿Hasta cuándo las autoridades no informarán? ¿Hasta cuándo no habrá seriedad en horarios de abastecimiento y días de corte? ¿Es un derecho que hospitales paren cirugías o diálisis, o que las escuelas cierren? Paren a los especuladores que día a día agigantan los precios de sus productos, emulando a EPSAS, cuyos funcionarios todavía tienen el descaro de mandar facturas exorbitantes por un servicio mal prestado y con una nota por consumo elevado de un líquido que no existe.

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