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¿Y ahora qué viene?

El atractivo de La Paz se centra en que es una ciudad auténtica, en donde la identidad no es solo un vestigio

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

02:56 / 16 de octubre de 2014

La Paz es una urbe que es y ha sido capaz de extraer desde siempre distintas impresiones sobre su atractivo, al punto que no faltaron tiempos en los que parte de su población perdió toda estima y arraigo por ella. Sin embargo, su particularidad radicó en seguir produciendo y mostrando diversas cualidades incluso a costa de que fuesen consideradas formas de supervivencia marginal. Esto no solo logró alterar toda visión conservadora, sino bloquear toda expectativa, por ejemplo de quienes niegan sus potencialidades.

No cabe duda de que existen ámbitos reveladores del mundo popular, el cual en los últimos años ha sido capaz de atraer a la población reacia para insertarla en ofertas culturales y de vida pública. Una ventana capaz de mostrar realidades distintas que ha logrado unir a su sociedad, aunque esporádicamente, en la práctica de ciertos valores socioculturales.

Uno de los aspectos para que La Paz se reafirme nuevamente fue el haber logrado consolidarse como “ciudad viva”, cuya característica hoy no solo forma parte de una metáfora, sino que logra una nueva pertenencia como ciudad extraordinaria. Hecho que no solo se relaciona cada vez más de forma directa con la imaginación creadora, sino que conseguirá en el futuro producir nuevas especies predicativas lógicas de sus valores.

A pesar de ello, algunas personas, cuando se refieren a la ciudad maravilla, lo hacen con muy poca convicción y loan únicamente los valores de su paisaje. ¿Es que acaso esta ciudad engaña y no muestra “al desnudo” su realidad e historia, y sus laderas no relatan verdades sociales, políticas y económicas de los distintos tiempos, las cuales en otras urbes son escondidas celosamente? La Paz está abierta, como un gran anfiteatro, a la denotación de sus evidentes contradicciones, expresadas también en su imagen urbana.

El atractivo de esta ciudad no se centra en los valores occidentales. Tampoco es una urbe totalmente planificada y representativa de lo absoluto. Tiene sus limitaciones, pero su valor radica en que es una ciudad auténtica, donde la identidad no solo es un vestigio contextual sobreviviente. Si hay fealdad, la cual existe en cualquier urbe del mundo, ésta ha sido diseñada. No obstante, esto deja de ser importante porque tiene otros rostros y valores que maravillan, como la conformación de su entorno en medio de los cerros o su singular luminosidad natural. Tampoco se debe olvidar a su población, la cual ha aprendido el lenguaje vigoroso de su territorio. Por todo ello, está cerca de conquistar la meta final como ciudad maravilla. Y si no logra ser una de las siete elegidas, ya desafió y conquistó lo inimaginable. Se posicionó cerca de grandes metrópolis que invierten millones de dólares al año para la construcción de cualquier infraestructura. Esto, sin olvidar sus permanentes intervenciones urbanas.

Así nace la pregunta: ¿y ahora qué viene? Hoy, La Paz se encuentra en una cúspide que exige intervenciones que serán de gran responsabilidad para quienes la administren a partir de 2015. Esto, porque los ojos puestos en su futuro esperan que se superen los límites antes mencionados. Cabe recordar que por no entender a las ciudades y la vida urbana podemos destruirlas.

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