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Alasita

Las burlas desplegadas en los periodiquitos no comulgan con la lógica de la Alasita, que busca la abundancia

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona

00:05 / 25 de enero de 2020

El 24 de enero celebramos la fiestas de la Alasita, tradición andina que se ha expandido como una expresión cultural urbana, principalmente en La Paz, pero también en otras regiones del país, e incluso en otros países como Ecuador, Perú y en Europa. Desde el 2017, este festejo ha sido declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Alasita es una palabra aymara que quiere decir “cómprame”. Su origen se remite al mundo comunal de las illas (amuletos) que antiguamente poseían las familias (y aún muchas poseen); símbolo del usufructo de algún bien, ya sea del hogar, el ganado, las parcelas, alimentos, etc., y que se ritualiza en la época de lluvias.

La Alasita está personificada en el Iqiqu, aquel protagonista diminuto símbolo de la alegría, la abundancia e incluso del erotismo. Pues hay que recordar que las illas son representaciones de la fertilidad y de la reproducción, por lo que el Iqiqu antiguamente aparecía desnudo y con el miembro masculino erecto. Pero, por los prejuicios urbanos, se decidió arroparlo, hasta convertirlo en un personaje citadino de “buena presencia”, y de un vestir mestizo urbano, con pantalón, camisa, bigotes y sombrero, denotando su ancestralidad solamente el lluch’u y la abarca. A esta vestimenta hoy se ha añadido una carga de productos en las espaldas del Iqiqu, dependiendo de las “novedades” del marketing local e internacional. Esta carga denota la presión capitalista, reflejada en sus productos y valores.

Los orígenes de la Alasita se remontan a la época colonial, aunque existen muy pocos datos históricos para sostener esta afirmación. Con el paso del tiempo el Iqiqu ha sufrido varios cambios. Como consecuencia de su estadía en la ciudad de La Paz, su fisonomía se ha modificado con rasgos cuasi q’aras o criollos, como los pómulos chaposos y regordetes, bigotes, y hasta barriga y un cigarrillo en la boca. Además, se lo representa solo como varón, pese a que en el mundo andino todo es par: ¿dónde está la Iqiqa?

El Iqiqu es la representación de los deseos de la abundancia, que se ritualiza a través de la illa buscando la simpasiña, palabra aymara (hoy poco usada) que se refiere al hecho de que si uno tiene mucha fe, aquel objeto en miniatura que se adquiere puede, en algún momento, cristalizarse en la realidad. La palabra simpasiña denota, entonces, una fe profunda.

En la tradición de los pueblos andinos no existe el insulto hacia aquello que se venera y se respeta; si así fuera no existiría la fiesta de Alasita en honor al personaje pequeño llamado Iqiqu. Sin embargo, hoy a la Alasita se la asocia con la risa, con la broma, el sarcasmo y hasta el insulto; sobre todo desde la prensa, que cada año publica diferentes periodiquitos. Los cuales por lo general ensayan mofas contra los políticos y algunos ciudadanos que cobran notoriedad. Se trata de puro marketing, no comulga con la búsqueda de la abundancia de la lógica de la Alasita. Aunque se premia a los que mejor insultan.

¿Cuál es la relación de la Alasita, del Iqiqu, con esta actividad de mofa periodística? Incluso por esta vía se ha asociado al Iqiqu con el petiso o el muqu, también con tono de burla, al extremo de considerar esta fecha como su día. Este último personaje es una construcción urbana discriminadora, racista y muy denigrante, que lamentablemente ha cobrado cierta notoriedad, aunque el sentido de ritualizar a la illa es otro.

Khitinakatixa aymara markat juttanxa yattanwa, alasitaxa simpasiñatakiwa, taqi chuymampiwa alaqt’asiña, chhallasiña. ¿Janicha ukhamaxa?

* Aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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