Columnistas

Contra el alcoholismo

El Presidente debería encabezar una cruzada contra el alcohol en un gesto parecido al de Fidel

La Razón (Edición Impresa) / Grover Cardozo

01:45 / 24 de diciembre de 2014

Hace algunas semanas, en el programa Espejos, de Bolivia Tv, el ciclista boliviano Óscar Soliz señaló que el país no tiene logros deportivos, ni en el fútbol ni en otras disciplinas, porque “se farrea mucho”. En efecto, la juventud bebe en exceso, y no precisamente porque los jóvenes sean una turba de inconscientes, sino porque imitan lo que hacen los adultos. Soliz fue entrevistado a propósito de su victoria en la Vuelta a Colombia, una competencia de ciclismo organizado por la cadena RCN, y en la que nuestro compatriota les ganó a los colombianos en su propio terreno.

Tomando en cuenta que en el país los referentes deportivos son muy pocos, Espejos recurrió a su autorizada voz para que realice un balance necesario sobre las causas por las que vivimos continuamente con déficit de glorias y triunfos en el plano deportivo internacional. Y es que o analizamos de manera objetiva las causas de nuestro atraso, o nos resignamos a seguir repitiendo el estribillo de que estamos cada vez mejor, cuando eso es totalmente falso.

En la entrevista, Soliz puso el dedo en una de las llagas que más le duele a la sociedad boliviana: el alcoholismo. El espacio que le damos en Bolivia a las farras y todas sus derivaciones ha rebasado el límite de lo razonable, para convertirse en un fenómeno que está generando muy altos niveles de violencia intrafamiliar y social, desangrando y debilitando el frágil tejido social y familiar boliviano.

Ya sea por motivos sociales, religiosos o folklóricos, muchos bolivianos nos damos a la tarea de inventar mil y una excusas para levantar las copas o las botellas cada semana, tanto en los prestes de El Alto como en la zona Norte de La Paz, o en la fiesta de Urkupiña de Cochabamba. Es sobrecogedor observar en frías madrugadas a compatriotas, la mayoría hombres jóvenes, sosteniéndose en las paredes o tirados en el suelo, con una sobredosis de alcohol y cerveza.

El problema es en extremo delicado, y mientras no se ponga el dedo en esta herida, avanzaremos apenas unos miserables milímetros en muchos años, con el riesgo de que el alcohol contribuya al bloqueo del proceso de cambios profundos en Bolivia. Una de las poquísimas posibilidades de cambiar esta situación es recurriendo a la fuerza moral del presidente Evo Morales, quien debería encabezar una cruzada para bajar el consumo de bebidas alcohólicas, en un gesto parecido al de Fidel respecto al tabaco en Cuba en 1985.

Urge hacer algo en Bolivia frente al alcohol, porque está en juego el futuro de la niñez, la juventud y el conjunto del país. El propio Presidente lo dijo: tenemos que llegar al 2025 en condiciones económicas, sociales y educativas distintas, y eso solo se consigue con cambios de actitud reales y palpables. Lo demás tiene mucho de discursivo. 

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