Columnistas

La alegría

Como no estar alegres de haber roto el maleficio y ahora poder respirar con confianza.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

20:43 / 23 de febrero de 2019

Cuando el cuerpo se estremece de alegría es una experiencia existencialmente. Es aquella experiencia que puede ser un calor o un frío. También puede ser una tibieza constante, o una anulación de todas las sensaciones anteriores, o por el contrario simplemente todas las sensaciones juntas  y en combo. En todo caso, todas sensaciones, bien deliciosas. Delicia que emana desde dentro, es un vapor que emana del cuerpo mismo. Y este cuerpo, asombrosamente parece disolverse embriagado de sonrisas y bum bunes del pecho.  

Estar alegre, después de haber perdido la inocencia de creer, después de los avatares de la vida, después de tus propias contradicciones y aciertos, como diría la Violeta Parra; “Los dos materiales que forman mi canto”, después de todo eso, alegrarse de veras, es recuperar la vida. Recuperarla después de haber vivido y haberla saboteado a veces. Estar alegre es un regalo de las ancestras, un regalo de la Pachamama. Vivir la alegría es una confusión muy grande, confusión generada en la disyuntiva de encontrar los caminos apropiados para expresarla. ¿Estará bien llorar de alegría? ¿Fruncir el ceño y la frente de alegría? ¿Salivar, callar, carcajear y reír bien fuerte?.

Estamos felices y estoy feliz, a pesar de la lluvia y el miedo a los deslizamientos cuando llueve, pues a pesar de la intemperie siempre hay corazones que dan cobijo a las luchas y los sueños, Porque sé que, a pesar de las amenazas del imperialismo, a Venezuela nuestra hermana, a Cuba, a Nicaragua y solapadamente a Bolivia, a pesar de eso estamos alegres, estoy alegre, porque hemos hecho cambios históricos, cambios fundamentales, en estos territorios de la Pachamama. Bolivia, territorios que tenemos el encargo de cuidar. Sin duda que hay mucho por hacer y construir, nada está oleado y sacramentado, las revoluciones se las sostienen y mantienen día a día, sino, se las pierden. A pesar de todas estas piedras y huecos en nuestros caminos, este proceso de cambio marcó una impronta de dignidad, de confianza en nuestros cuerpos de herencias ancestrales, de la Pachamama. Cuerpos que recuperan día a día e históricamente la dignidad de todos los pueblos originarios.

Hemos roto la bola de cristal, bolita de cristal donde los y las explotadores se protegían de los pueblos, a través de ese vidrio importado de Gringolandia, por 500 años estuvimos mirando espejitos de colores, ahora nos atrevimos a descubrir y entender que eran tan humanos como nosotras y nosotros. Como no estar alegres de haber roto el maleficio y ahora poder respirar con confianza, levantar la cabeza y mirar al futuro, creer en nuestros sueños y utopías. Eso nos estamos jugando, en este proceso, eso es lo que corre riesgo. No es un presidente solamente, es nuestra posibilidad de alegrarnos. Está en riesgo la alegría de vivir, por eso nos movilizamos, por eso trabajamos, para que este proceso de cambio no se tuerza y a las amenazas responderemos con sabiduría y con el “coraje del pueblo”.

* Feminista comunitaria.

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