Columnistas

El almirante Cristóbal Colón

El descubrimiento de nuestro continente ha sido el suceso que más ha transformado el mundo

La Razón / Ramiro Prudencio Lizón

00:01 / 09 de octubre de 2013

En la presente semana se conmemora un nuevo aniversario del descubrimiento de América, extraordinaria hazaña realizada el 12 de octubre de 1492 por el Almirante don Cristóbal Colón. El descubrimiento de nuestro continente ha sido el suceso que más ha transformado el mundo. El cambio de la Edad Media a la Moderna se debe mucho más a dicha proeza que a la toma de Constantinopla por los turcos.

Con la epopeya colombiana se logró, además, dos fundamentales acontecimientos: primero, la confirmación de la esfericidad de la Tierra; y segundo, la apertura de una nueva ruta marítima: el océano Atlántico. Desde entonces, el mar Mediterráneo dejó de ser el eje del mundo civilizado. El centro del comercio pasó de las ciudades italianas a las naciones que tenían fácil acceso al Atlántico; primero a España y Portugal, y luego sucesivamente a los Países Bajos, Francia e Inglaterra.

Otro gran descubrimiento del Almirante fue la Raya, es decir, la línea del cambio de ruta de la aguja imantada (la brújula). Durante la travesía de su primer viaje, observó que a 100 leguas de las islas Azores la brújula se desviaba del noreste al noroeste. La Raya es la línea cero de nuestros mapas magnéticos, la línea de nula inclinación magnética, o la que separa las zonas de declinaciones magnéticas de signos oriental y occidental. Precisamente, con base en esa revelación, el papa Alejandro VI emitió la Bula Inter Caetera, el 28 de junio de 1493, donde se determinaba la demarcación de las posesiones portuguesas y españolas en la Raya, o sea, en una línea de polo a polo distante a 100 leguas al occidente de las islas Azores y del Cabo Verde.

Se puede decir que el viaje colombino no sólo modificó el conocimiento geográfico del mundo, sino que también el modo de pensar del ser humano. El Renacimiento italiano inició un proceso mental crítico frente a los estudios tradicionales, pero fueron los grandes descubrimientos geográficos iniciados por Colón los que consolidaron este nuevo pensamiento.  A medida que se llegaba a nuevas tierras, crecían nuevas generaciones para quienes Aristóteles, Platón y Santo Tomás de Aquino no eran ya la verdad absoluta, sino que ésta tenía que encontrarse mediante la experiencia y la investigación científica.

Muchos latinoamericanos, sobre todo de nuestro país, lamentan el descubrimiento de América, por considerar que este acontecer determinó el hundimiento de las culturas del continente y la explotación de los pueblos originarios. Pero si no hubiesen sido Colón y los españoles nuestros descubridores y conquistadores, lo habrían realizado gentes de otras naciones, quizás con espíritu más racista, y que no se hubieran mezclado con los indígenas, como ha sucedido en América del Norte. Pero la vinculación entre Europa y América debía darse tarde o temprano,  ya que el mundo europeo de la época de Colón ya estaba en posesión de conocimientos científicos y técnicos —como la brújula, el astrolabio, la pólvora, el cañón, el timón y la vela móvil— que le facultaba para efectuar grandes descubrimientos y conquistas en el resto del orbe.

Ahora bien, si hubo una violenta invasión del continente, también existió la parte positiva de la conquista española: la creación del nuevo hombre americano, fruto de la mezcla con las razas nativas; la gran cultura mestiza colonial; la generalización de la hermosa lengua castellana que sirve para vincular a gran parte de los hombres que viven al sur del Río Grande; y, por último, la introducción del cristianismo, y con él, la obligación de solidarizarse con sus semejantes y de respetar y dignificar a la mujer. En consecuencia, deberíamos recordar no sólo con simpatía, sino con admiración la extraordinaria gesta de Cristóbal Colón, que cambió el curso de la historia del mundo y sobre todo del continente americano. Y deberíamos tener siempre presente que el 12 de octubre no sólo se recuerda el Día de España, sino también el de la hermandad cultural hispánica, base de la unión permanente entre los Estados de habla castellana con la Madre Patria, cuna de nuestra cultura, tradición, idioma y religión.

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