Columnistas

Hay alternativas a los extractivismos

Se desecha o ataca a los que quieren cambiar el desarrollismo como proveedores de materias primas

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Gudynas

00:05 / 06 de septiembre de 2015

Días atrás, Gabriel Loza Tellería compartió desde La Razón sus críticas a mi libro sobre la teoría de los extractivismos, que acaba de ser publicado en Bolivia. Mi reacción ante sus palabras es, en primer lugar, de reconocimiento porque se tomara su tiempo en abordar ese texto. En segundo lugar me parece necesario compartir algunas precisiones.

Comenzaré por advertir que el libro Extractivismos es una exploración de las bases culturales, políticas y económicas de ese modo particular de entender el desarrollo y la Naturaleza, caracterizado por sus severos impactos sociales y ambientales. No es un libro sobre alternativas a esa condición, sino un estudio para entender mejor las razones por las cuales se ha convertido en una obsesión. Esto hace que el cuestionamiento de Loza sea muy exagerado al indicar que se ofrecen pocas alternativas, pero además parecería ser superficial.

Es que las opciones que defiendo no son la del “parar el carro”, como dice Loza, sino de paulatinas transiciones para reducir los componentes extractivistas en las estrategias de desarrollo. Y el horizonte para ese viraje es el Vivir Bien, no en sus versiones recicladas actuales, sino en sus concepciones originales como alternativa a la propia idea de desarrollo. Las alternativas, en cambio, son discutidas en otros libros, los que se pueden encontrar fácilmente en la web.

Tanto el diagnóstico como las alternativas evidentemente tienen influencias del proceso de cambio boliviano y ecuatoriano (en sus formulaciones originales), y por ello me llama la atención algunos cuestionamientos actuales.

Pero entiendo que esas y otras críticas son manifestaciones de las profundas raíces que tiene el mito de los extractivismos como fuente de desarrollo y bienestar. La nota de Loza evidencia ese arraigo conceptual, ya que su mensaje es que “no hay alternativas” porque, según sus palabras, estamos insertos, queramos o no, en un mercado global capitalista. Ese razonamiento expresa un fatalismo casi idéntico a la prédica neoliberal que también decía “no hay alternativas”. Estaríamos atrapados dentro del capitalismo global, y apenas podríamos mejorar la redistribución de excedentes.

Esa postura anula las opciones de cambio. Se defiende a toda costa un desarrollismo como proveedores de materias primas; y se minimiza, desecha o ataca a los que quieren cambiar ese orden de cosas. Todo esto está tan pero tan arraigado que explica que oigamos a académicos que repiten los clásicos modelos de extractivismos que alimentan el crecimiento económico o que tengamos políticos que, apartándose de los compromisos originales, ahora defiendan con uñas y dientes los extractivismos. Esas raíces son las que se exploran en el libro Extractivismos.

Hay muchos ejemplos de estas creencias y sus consecuencias, y entre las más recientes está el anuncio de megasubsidios petroleros por $us 3.556 millones. El Gobierno central, los departamentos, municipios y hasta las universidades, o sea casi toda la nación, ¿deben financiar a las petroleras? Los tributos sobre los extractivismos, como el IDH ¿deben ser regresados a las empresas? Parecería que se tiene mucho dinero, entonces ¿es lo más inteligente invertirlo en petroleras o es mejor apoyar otros sectores productivos? Si el precio del petróleo baja más ¿aumentarán los subsidios?

La intención del libro es mostrar la relevancia de este tipo de preguntas, las que solo son posibles si se expone la mitología extractivista. No se usan expresiones como “anti-extactivismo”, ya que será necesaria una transformación paulatina, democrática y consensuada. Sin renuncias, porque es urgente buscar alternativas.

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