Columnistas

El amante total y completo

Es que el periodismo necesita de un amante total y completo. Es controlador, es absorbente, es agotador, “es grave”, como diría algún buen paceño.

La Razón (Edición Impresa) / Luis Flores*

00:00 / 17 de febrero de 2019

El periodismo es la peor de las novias celosas. Para ser periodista, particularmente de un medio impreso, se tiene que ser un amante total y completo. No hay otra forma, no hay otra manera, porque al periodismo en general se le entrega todo, o casi todo.

En los pasillos de La Razón, un colega habla por celular con su hija de cuatro o cinco años. Le dice que en la noche llegará muy tarde (cuando la pequeña esté dormida), pero que dejará un regalo o algo que la niña pidió.

Otro compañero discute con su pareja, también por teléfono. El enamorado se esconde en la sala de reuniones. Y aunque él cree en el poder del amor, conoce bien la premisa: amor de lejos…

De la misma forma, de la mano de la tecnología una colega chatea con su nuevo galán (el antiguo se cansó de esperar hasta tarde y no comprendió que los sábados y domingos también se tienen que escribir las noticias). Ella le manda corazones, besos virtuales y le promete encontrar tiempo para que estén juntos.

Hay otro que le pide fotos a su hijo adolescente para saber dónde está. Él no está en casa, pero debe saber qué pasa con los miembros de su familia.

Otros tres salen del periódico y se desesperan por llegar a la universidad, porque quieren terminar sus estudios (aunque ya sean profesionales en todo el sentido de la palabra), pero llegan tarde a sus clases. De nada sirvieron los dos minibuses y el teleférico, porque no llegaron a tiempo.

Es que el periodismo necesita de un amante total y completo. Es controlador, es absorbente, es agotador, “es grave”, como diría algún buen paceño.

Por todo lo descrito, en definitiva el periodismo no es el mejor trabajo del mundo —quizá el mejor oficio, como decía el maestro García Márquez—, pero sí el más apasionante. Pero esa pasión tiene un costo y ese costo es un tanto alto.

Ahí, precisamente ahí reside el respeto a los compañeros que dedican su vida a esta sacrificada labor.

Por eso, a veces hay que tomar pausas. Hay que tomarse un tiempo para continuar los estudios, para mejorar académicamente, para compartir los primeros meses de vida de un hijo, para pasar tiempo con la familia, para viajar, para recargar energías o simplemente para reencontrar la inspiración del periodista.

Por ello, el que escribe estas líneas tomará una pausa para continuar sus estudios, pero estará ansioso por retornar al matutino más grande de Bolivia.

Después de la pausa, el amante total y completo retorna al periodismo. Retorna y vuelve a entregarle todo, o casi todo. Al final, éste es el oficio que elegimos para el resto de nuestras vidas y sin el que no podríamos vivir.

*es periodista.

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