Columnistas

La amenaza israelí desde dentro

Israel no puede controlar indefinidamente el territorio de 4,5 millones de personas contra su voluntad

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:21 / 28 de marzo de 2015

En una aparición en la cadena de televisión CBS en el programa Face the Nation (Dar la cara a la nación), poco antes de ser reelecto como primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu fue interrogado acerca de si se había ofendido cuando la Casa Blanca twiteó una de mis columnas, señalando que durante 25 años Bibi se había equivocado en sus predicciones acerca del programa nuclear de Irán. “Si hubiese dependido de mí”, respondió Netanyahu, “hubiera retwiteado  (...) el reciente tweet del líder supremo Ayatollah Khamenei en el cual menciona nueve maneras y razones por las cuales Israel debería ser destruida”. Netanyahu está haciendo lo correcto al atraer la atención hacia esa amenaza,  sin embargo por razones un tanto diferentes a las que insinúa.

Permítanme ser claro. El líder supremo de Irán es un ideólogo radical, anti-occidental, cuyo twitter se encuentra repleto de odio y hostilidad, y solamente desea perjudicar a Israel. A su vez, es un político astuto que ha sobrevivido y prosperado en el complejo sistema político  iraní. ¿Qué mensaje está enviando? El ayatolá Alí Hoseini Khamenei habla seguido sobre la destrucción de Israel, pero se rehúsa a llevarlo a cabo a través de la guerra. “No recomendamos una guerra clásica con el Ejército de los países musulmanes ni lanzar a los emigrantes judíos al mar” (¡es bueno saber que está en contra de ahogar a los judíos en masa!). Akbar Ganji, el disidente más conocido de Irán que fue encarcelado por criticar a Khamenei, argumenta que el líder supremo ha sido consistente en su posición durante años... “no a la guerra, ciertamente no a través de Irán”.

¿Qué promueve Khamenei? Un “referéndum público y organizado” en el cual los musulmanes, cristianos y judíos que viven bajo la jurisdicción israelí decidan sobre el destino de su gobierno y régimen. Khamenei revela sus intenciones al afirmar que recientes inmigrantes judíos no deberían tener derecho a votar. Sin embargo, ¿por qué razón entonces, los árabes que pueden haber viajado a esas tierras solo unas pocas décadas atrás sí tienen el derecho? La ideología de Khamenei consiste en que “todas las personas originarias de Palestina” deberían votar. Si por originarias hace referencia desde el comienzo, eso significa judíos en su mayoría.

No obstante, dejemos a un lado el juego de palabras. Khamenei ha reconocido que la mayor vulnerabilidad para Israel radica en que posee jurisdicción legal sobre 4,5 millones de árabes que no tienen ni Estado ni derecho al voto. Esa condición es virtualmente única en el mundo moderno y no puede durar en una sociedad democrática.

Los israelitas de derecha y sus seguidores ignoran con frecuencia la difícil situación de los palestinos y señalan que otros grupos étnicos, como los kurdos, tampoco poseen naciones. Sin embargo, los kurdos son ciudadanos de los países en los cuales viven: Turquía, Irak e Irán. Los chechenos desearían ser independientes, pero, por ahora, son ciudadanos rusos de pleno derecho. Los palestinos son virtualmente únicos hoy en día, ya que no poseen un Estado propio ni ciudadanía en el país en el que viven.

Se puede observar un paralelo histórico. Los británicos decían a sus poblaciones coloniales, digamos la gente de la India, que no podían ser independientes ni tampoco ciudadanos de Gran Bretaña. Tal vez el dilema en Palestina resuene debido a que muchos países que antiguamente eran colonias recuerdan esta historia. Éste es, potencialmente, el mayor peligro a largo plazo que podría deshacer el milagro que significa Israel; y es un milagro.

Desde el punto de vista militar, esta pequeña nación es mucho más poderosa que nunca en comparación con sus vecinos. De acuerdo con el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigaciones para la paz, el presupuesto de defensa hebreo es mayor que el de Egipto, Jordania, Siria y el Líbano juntos. El muro y la Cúpula de Hierro han reducido significativamente la amenaza por parte de Hamás y Hezbolá. En cuanto a su economía, Israel se encuentra en una posición envidiable; se ha convertido en el país más rico en un mar de estados petroleros. Es una democracia vibrante y una sociedad dinámica.

Al tener en cuenta el programa nuclear iraní, que aún no posee una sola bomba atómica, no debemos olvidar que Israel posee un gran arsenal nuclear, según se dice con más de 200 armas, muchas de las cuales se encuentran actualmente ensambladas en submarinos. Sin duda, los líderes sofisticados y calculadores iraníes tienen en cuenta este fuerte elemento, incluso si dentro de varios años realmente construyen unas pocas armas nucleares.

A su manera, Khamenei comprende el poder inmenso de la democracia, razón por la cual decidió clausurar el movimiento verde en Irán. Asimismo reconoce que la vulnerabilidad de Israel subyace en su mayor fortaleza: su democracia floreciente. En un país verdaderamente pluralista como Israel, resulta muy difícil continuar con una política de no ciudadanía hacia tantos habitantes.

La democracia israelí ya está siendo endurecida para mantener el statu quo. En los últimos días de su campaña, cuando pensaba que podía perder, Netanyahu advirtió al país que los árabes israelíes estaban comenzando a votar en grandes números. En la misma línea, el ministro de Relaciones Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, ha afirmado que algunos israelitas árabes no deberían formar parte de Israel.

Khamenei comprende que Israel puede disuadir y responder a las amenazas militares. Sin embargo, como democracia, no puede controlar indefinidamente el territorio de 4,5 millones de personas contra su voluntad. Debido a esta razón ha elegido como arma su persistente llamado a un referéndum. Espero que Netanyahu tome con seriedad esta amenaza a la existencia israelí y que posea alguna respuesta ante este riesgo, más allá de un retwiteo.

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