Columnistas

El amor en tiempos de cambio

La perfección no existe, se la construye, y en ese camino fallaremos una y 100 veces

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

00:40 / 10 de agosto de 2014

Es excitante este proceso de cambio, tan imperfecto, tan lleno de humanidad, tan contradictoriamente mentiroso y tan sinceramente comprometido a la vez, es excitante porque no es perfecto. La perfección no existe, se la construye, y cuando la logramos construir, es tan imperfectamente inútil y aburrida que la botamos al basurero, y nos entregamos a la incerteza de fallar y probar cuán mortales somos.

Estos años de este proceso de cambio están matizados de victorias, como las del referéndum revocatorio, fue lindo el porcentaje (67,43%) con el que logramos frenar los fascismos de la derecha. Se quedaron con la boca abierta, los fachos, ante una victoria tan contundente. Pero también mi cuerpo se acuerda de exigencias al extremo, como la de dar talleres y discusiones con 40° de fiebre temblando de frío, pero con la urgencia de construir posiciones políticas.

Y finalmente el matiz de los desencantos, como aquel cuando en la Asamblea Plurinacional, después de intervenciones vergonzosas, hermanos asambleístas que decían estar con el proceso de cambio manifestaron posiciones colonialistas, machistas y conservadoras con los cuerpos de las mujeres, y finalmente se tomó una decisión cómplice con el fascismo ante la despenalización del aborto, ¡puag! Que decepción. Pero, claro, los ojitos expectantes de nuestras hermanas y hermanos que dieron sus luchas en favor de las mujeres, aunque perdieron, nos devolvieron la energía de la fe, de creer en este proceso, como acción humana y mortal, saber que construirlo con las manos implica también derrotas transitorias y que la lucha sigue.

He dado toda esta vuelta para situar el amor en tiempos de cambio, estas vueltas y recovecos los transité  para ubicar la urgencia de darle el sentido al placer y al amor, preguntar en medio de tantas tareas por cumplir ¿qué tiempo y espacio le damos al amor, al placer y los orgasmos? Al preguntarme con qué tiempo, con qué fuerza, con qué energías nos damos placer y amor, me viene a la mente la frase de Emma Goldman “si no puedo bailar, tu revolución no me interesa”; y apoyándome en esta compañera alemana revolucionaria puedo aventurarme, ser más atrevida e ir más allá. ¡Quiero fervientemente declarar que hacer el amor es profundamente revolucionario y apoya al proceso de cambio! Puedo también vulgarmente decirlo: ¡tirar es revolucionario y aumenta las reservas energéticas y los recursos naturales en 1.000% y tendremos fuerzas para más allá de 2025! Claro, habrá a quienes esto les suene a sacrilegio, pero yo lo defiendo, no podemos hablar de revolución si no disfrutamos de deliciosos orgasmos; si no disfrutamos del amor y la ternura, de las caricias, de bailar pegaditas, de chequear, de permitirte amar; aunque después no resulte, pues es como el proceso de cambio, la perfección no existe, se la construye, y en ese camino fallaremos una y 100 veces, pero tener la capacidad revolucionaria de rehacernos nos humaniza. ¡Jallalla el proceso de cambio! ¡Jallalla el amor! ¡Jallalla los orgasmos!

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