Columnistas

De amores y luchas

La Razón (Edición impresa) / Julieta Paredes

00:00 / 02 de diciembre de 2012

Cuando te enamoras, ruegas que todo vaya bien y... ¡que por favor no se acabe! Enfrentarse a los finales es devastador; más aún si eres de esas personas que a sus 50 añitos ama siempre como a los 14, pues vas a tener que recogerte como un rompecabezas de vida, en el que no sabes dónde cae cada pedacito, y te dan ganas de forzar los bordes para que ensamblen las piezas, de manera que puedas reconocerte en esa imagen que refleja tu viejo espejo.

Así, remendada, prometes que esto no te puede volver a suceder y te encaminas de nuevo en la vida, pasándote suavemente en las cicatrices pomadas que te permitan olvidar las heridas. Y sucede que mientras estás sentada en un banquito de una de las plazas de La Paz, dedicada a tu terapia de mal de amores, comiendo tranquila duraznos y leyendo un buen libro. Así, de pronto y bajo el rico solcito de noviembre, unos ojos tiernos se te quedan mirando; y tú te quedas en medio del mordisco a tu durazno perchico, miras para atrás hacia un lado para saber a quién miran tan bonito; pero no hay nadie, los ojitos insisten en su mirada y tú miras, súper curiosa, para el otro lado y... ¡horror!, tampoco hay nadie. ¡Es a ti a quien miran! Tienes en esos momentos dos opciones, o corres botando todo lo que sostienes, o —aunque temblando— te quedas y te arriesgas.

Sin duda el amor no es fácil y tus lágrimas volverán a corretear tus ojos, pero también habrán momentos lindos e intensos; de esos que te hacen gritar en las calles que vale la pena amar; y vuelves a mirar el cielo, el Sol, la Luna, vuelves a sonreír.

Así también me siento de amores, en este fin de año, de cara a nuestro país, mi pueblo, mi amor. Ahora que vamos a entrar al último año de esta primera etapa de nuestro proceso revolucionario, sólo tengo en los labios tres palabras: ¡valió la pena! Sabíamos que no era fácil y aquí seguimos peleando con algunos y algunas, que desde el Gobierno, las organizaciones sociales, la opinión, las ONG y la cooperación internacional, o desde la acción tratan de decirnos que todo es siempre lo mismo, que no hay nada nuevo, ni distinto, que en estos años no pasó nada, que sólo fue más de lo mismo; y hay hasta quienes dicen que inclusive es peor que antes. No, definitivamente no, no es lo mismo; y fíjense que puse en la lista a algunos del Gobierno junto con los de la llamada oposición, una juntucha de descreídos, traidores, saboteadores de las utopías; y ponerlos juntos fue a propósito.

Nada es una tacita de leche, todo está mezclado con sueños y pesadillas, aciertos, errores y traiciones. La lucha es un amor que vale la pena, nutre a nuestro pueblo. Aquí estamos, amando de nuevo la revolución; la revolución contra este sistema de muerte, que tiene enfrente a un pueblo que lo va a derrocar; un pueblo que toma en sus manos, como nosotras feministas comunitarias, sus sueños y no delega a nadie, por muy presidente que sea, sus luchas y sus utopías. Somos un pueblo que nos atrevemos a creer y, por cierto, viviremos decepciones; pero el amor, este amor, vale la pena.

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