Columnistas

El año que se viene

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Komadina Rimassa

00:10 / 28 de diciembre de 2017

El año que se viene, el año del perro según el horóscopo chino, ya comenzó en noviembre con el fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional y con las elecciones judiciales, y empalmó en diciembre con la movilización de los médicos. Hace dos meses que estamos en 2018, pero no lo sabemos todavía.

Quiero decir que esa decisión judicial ha creado un escenario de polarización política que será constante a lo largo de 2018, y tal vez durante el resto de la década. Este acontecimiento se ha vuelto inevitable, omnipresente. Aunque no sea convocado, se invitará a todos los conflictos y a todos los debates políticos (por más intrascendentes o decisivos que sean); estará presente en las calles, en los tribunales y en el runrún de las redes sociales.

El propio presidente Morales ha admitido lo que intuyen de alguna manera todos los bolivianos: el próximo año, dijo en tono profético, habrá una “dura lucha ideológica, política, partidaria”. La polarización política (que tiene contornos novedosos con relación al escenario 2007-2008) no será circunstancial, sino de largo aliento. Su principal efecto será la sobredeterminación: múltiples problemas (que responden a diferentes causas y que involucran a diversos actores) serán percibidos como episodios de la estrategia de reelección del Mandatario. Todos los “ruidos” de la sociedad se vincularán con ese acontecimiento y provocarán un efecto de condensación y radicalidad. De hecho, el lenguaje de la política se tornará aún más violento.

El conflicto de los médicos, por ejemplo, ha dejado de ser un tema sectorial, se ha extendido a otros sectores de las clases medias y se ha radicalizado como consecuencia de una atmósfera política altamente polarizada. Lo mismo ha sucedido con las pasadas elecciones judiciales, cuyos resultados fueron poderosamente influidos por la desastrosa resolución del TCP. Eso no terminó: la sombra de ese fallo incidirá en los sucesos políticos venideros.

La polarización es una metáfora muy persuasiva para comprender ese antagonismo, alude a un “campo de fuerzas”; es decir, a un espacio tensionado en torno a dos polos magnéticos que se repelen mutuamente y al mismo tiempo atraen a todas las partículas situadas entrambos. Entre uno y otro polo solo existe el vacío.

El discurso político sufrirá importantes desplazamientos y se instalará un nuevo eje semántico, una nueva perspectiva de interpretación: las fronteras entre la democracia y el autoritarismo. Las organizaciones de la sociedad civil (y por supuesto los partidos políticos opositores, ¡cómo no!) cuestionarán de manera permanente, en cada uno de sus actos, la legitimidad y legalidad del Gobierno. Éste a su vez recurrirá al expediente de calificar de derechistas y traidores a sus críticos. 2018 será, pues, un año peligroso; y muy largo.  

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