Columnistas

Diez años del gobierno del MAS-IPSP

Las revoluciones en el mundo siempre terminan de diferente manera respecto a su punto de partida

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

01:48 / 30 de enero de 2016

El 22 de enero se celebró 10 años del gobierno del Movimiento Al Socialismo-Instrumento por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), encabezado por Evo Morales y Álvaro García Linera, quienes llegaron al poder mediante el voto de la mayoría de los ciudadanos en diciembre de 2005. En estos días en los que se debate por el Sí o el No de una nueva repostulación del actual binomio presidencial es preciso hacer unas breves reflexiones.

La historia de las revoluciones en el mundo nos arroja que éstas siempre terminan de diferente manera respecto a su punto de partida. Hay varios factores para ello, desde la burocratización hasta la traición a los principios básicos de la revolución. En el caso del MAS-IPSP tiene una particularidad, el haber protagonizado una revolución sin armas, distinta a la revolución armada de 1952. El haber ganado las elecciones en una democracia de corte liberal es la base de sus logros. “La revolución democrática y cultural” se hizo en la cancha liberal, y pese a esa limitación, se pudo avanzar en ese largo camino de construir una sociedad intercultural, ahora bajo el eje del Estado Plurinacional. 

¿Cuánto se ha avanzado? Sin lugar a dudas en los últimos 10 años Bolivia ha cambiado. ¿Hubiera podido cambiar aún más? ¿Habría podido descolonizar más? ¡Sin lugar a dudas! Hay voces críticas, sobre todo de gente de la clase media o mestizos (mistis, q’aras) que hoy gritan por el No, porque han perdido sus espacios de poder y de privilegio. Incluso como actores pensantes, sean marxistas o ultra derechistas, hoy no pesan casi nada. Aquí hay una bronca contenida, porque en términos de influencia política y de poder ya no son o son casi nada, porque quedan muy pocas ONG a las que antes pertenecían. Entonces tratan de reivindicarse como protagonistas políticos con el No. La coyuntura actual no es cualquiera, tenemos un Presidente aymara. Esta presencia, a pesar de los 10 años transcurridos, sigue despertando broncas contenidas, que relucen en varios momentos. Da la impresión de que se puede tolerar al indio “hasta por ahí”, vale decir, un tiempo y luego “tiene que venir nomás un q’ara a gobernarnos”, es la consigna subterránea en esta marcha por el No.

Recuerdo que cuando asumió Evo Morales como presidente nombró como canciller a David Choquehuanca, y los “diplomáticos de carrera” alzaron el grito al cielo diciendo que “cómo un indio va a ser canciller, qué sabe de diplomacia”. Algunos de estos diplomáticos se retiraron porque no querían ser gobernados por indios. Hoy uno de los logros más importantes a nivel internacional del gobierno del MAS-IPSP es la demanda a Chile ante la Corte Internacional de Justicia para exigir a ese país una negociación de buena fe para darle a Bolivia una salida soberana al mar. Como sabemos, después de sostener un diálogo infructuoso con el gobierno de Michelle Bachelet, el presidente Evo Morales decidió en 2011 demandar a Chile ante el tribunal de La Haya. Dos años después, la demanda fue presentada y en 2015 la CIJ se declaró competente para tratar la demanda boliviana, dejando a Chile sin argumentos frente a su objeción preliminar. Este triunfo fue por iniciativa del presidente Morales y del canciller Choquehuanca, aunque hoy se le atribuye el triunfo al vocero internacional de la causa marítima, Carlos Mesa. Esta actitud es una muestra más de cómo el colonialismo interno sigue primando en el país, porque se piensa que el indio es incapaz de ejecutar iniciativas exitosas. Jilata masisaruxa wali uñkattanxa, q’aranakaru, mistinakaru janiw kamstansa, ¿janicha ukhamaxa?

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