Columnistas

43 años de labor por la infancia

Sólo los entornos familiares más fuertes pueden apoyar a los niños de forma adecuada

La Razón / Ana María de Granda

00:16 / 29 de junio de 2012

El desarrollo de un niño saludable se lleva mejor a cabo en un entorno familiar protector. Esta convicción de la importancia de que cada niño pertenezca a una familia y crezca con amor, respeto y seguridad, está en la base de la visión de Aldeas Infantiles SOS. Básicamente, una familia  significa todo para un niño.

A pesar de que no existe una definición universal al respecto, en su labor cotidiana, Aldeas Infantiles SOS entiende a la familia como un grupo social que tiene el compromiso de una educación afectuosa y de socialización de los miembros más vulnerables. Con esta visión, teniendo al niño y su desarrollo en el centro, trabajamos con comunidades locales y socios en todo el mundo, con más de dos millones de niños vulnerables y sus familias. Les ayudamos a llevar sus vidas independientemente y a dar un cuidado adecuado a los niños para su desarrollo integral, en términos de atención infantil, educación, salud, ayuda en caso de emergencia o temas directamente relacionados con la pobreza.

Para Aldeas Infantiles SOS, proteger y fomentar los derechos de los niños incluye respaldar a las comunidades y a los gobiernos, con el fin de que las familias tengan servicio social, educativo y sanitario. La Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas define a la familia como un “entorno natural para el crecimiento y el bienestar de los niños (en) una atmósfera de felicidad, amor y comprensión”. Tal entorno familiar requiere de un nivel de vida aceptable para que vivan dignamente, y para que los padres tengan el tiempo y los recursos necesarios para dedicarse al desarrollo completo y óptimo de sus hijos, para que en el futuro sean miembros autosuficientes, seguros de sí mismos.

Respaldar a las familias se relaciona más con la actitud que con la economía. Los desafíos económicos actuales que enfrentan los gobiernos no son una excusa para no pasar a la acción. Los legisladores que se comprometen con la idea de poner a la “familia primero” deben actuar de acuerdo con sus compromisos en la Convención de los Derechos del Niño de la ONU, poniendo sus necesidades en el centro de las decisiones políticas. La inversión en las familias es el primer paso para evitar la perpetuación de un ciclo intergeneracional de pobreza.

Las numerosas crisis que azotan al mundo no deben aumentar la vulnerabilidad de la familia ni deshacer logros recientes. El progreso en relación al pasado proporciona razones para el optimismo. A principios de los 90, 33 mil niños menores de cinco años morían cada día; en los últimos años, esta grotesca estadística se ha reducido significativamente. La actitud centrada en la familia de parte de varios gobiernos ha contribuido a que cerca de 12 mil niños predestinados a morir ahora puedan vivir y celebrar su quinto cumpleaños. Este enfoque debe continuar a tiempo de fortalecer los derechos infantiles y el desarrollo. La inversión en familias crea un dividendo que no se puede medir fácilmente en términos económicos. Nuestra “Llamada a la acción” proporciona opciones realistas para todos los que desean contribuir para que la vida de las familias más desfavorecidas sea mejor, y ése es el compromiso que reafirmamos en este 43 aniversario en Bolivia.

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