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Cuando el antecedente mancha

La ‘guerra sucia’  en campañas electorales normalmente sirve para justificar lo injustificable

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

02:43 / 09 de agosto de 2014

Gladys apareció en la televisión y le espetó al candidato: “General Banzer, ¿dónde está mi hijo?”.  Casi de inmediato la Corte Nacional Electoral dictaminó la suspensión de la emisión del spot por considerarlo “guerra sucia”. Gladys Oroza de Solón perdió a su hijo, José Carlos, el 2 de febrero de 1972, quien desapareció de la cárcel El Pari de Santa Cruz después de haber sufrido torturas. La madre relató, por ejemplo, que vio las uñas arrancadas de los dedos, uno de los métodos de tortura de la dictadura del candidato Hugo Banzer. Dedicó su vida a buscar a su hijo. Murió en 2012. Su otro hijo, Pablo, dijo que su madre había pedido que junto a sus cenizas se mantenga un cartel con la pregunta que le formuló al candidato Hugo Banzer en 1997: “¿Dónde está mi hijo?”.

Nunca entendí por qué el reclamo de una madre a un dictador, que fundó un partido (ADN) para protegerse del juicio de responsabilidades, fuese considerado “guerra sucia”. Claro que habrá algún experto que explique que es cuestión de correlación de fuerzas, que entonces el Tribunal Electoral estaba controlado por los partidos del sistema y...

La “guerra sucia” en campañas electorales normalmente sirve para justificar lo injustificable. Alguien (no importa si opositor, otro candidato, un periodista), revela una denuncia grave, documentada, y la respuesta fácil es “guerra sucia”. No importa la contundencia de la denuncia ni las pruebas sobre el delito.

Algunos periodistas y medios de comunicación contribuyen a fortalecer el error. Cuando un político responde con un “es guerra sucia”, normalmente los periodistas no retrucamos. No hacemos notar que es la sencilla revelación de una canallada, de un delito y ninguna “guerra sucia”. Pero además de convalidar el mal uso del lenguaje, contribuimos a devaluar el significado de las palabras, incluso su sentido histórico. La “guerra sucia” resumió una de las prácticas más feroces e inhumanas de las dictaduras que asolaron América Latina no hace mucho.

La Enciclopedia Libre Universal define a la guerra sucia como “acciones militares emprendidas por diversos gobiernos latinoamericanos contra los guerrilleros de filiación marxista-leninista durante las décadas de 1960 y 1970”. Parte de la guerra sucia fue la doctrina militar, también ejecutada por nuestras Fuerzas Armadas, del “enemigo interno”; es decir, considerar enemigo a la población civil y atacarla, asesinarla, torturarla y hacerla desaparecer.

El apelativo de “sucia” le vino por las acciones con que los regímenes latinoamericanos (generalmente dictaduras militares totalitarias en el caso de Sudamérica), trataron de combatir a los insurgentes: matanzas colectivas en las comunidades que apoyaban al movimiento, desapariciones forzadas de los familiares de los simpatizantes o combatientes, torturas y asesinatos, agrega la enciclopedia.

Esta reflexión deviene a raíz de  una anécdota reciente: en una radio de La Paz un candidato vertió una gran cantidad de cinismo durante una entrevista, sin reacción del periodista que lo interpelaba, quien además conoce de sus canalladas. Llegué corriendo a la radio con documentos sobre la inmoralidad del candidato a senador por La Paz, pero el entrevistado no estaba en el lugar, y el colega periodista me dijo que mi trote era vano, pues la entrevista fue pregrabada. Le pregunté por qué no lo había cuestionado. Me respondió que ese no era el tema. Con ese criterio, los candidatos no tienen pasado ni antecedentes útiles para el ciudadano, para el elector. Tampoco en 1997, para la Corte Nacional Electoral, era tema importante la pregunta de la señora Gladys.

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