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El apocalipsis prometido

La Razón (Edición Impresa) / Pulso político - Paul Krugman

00:00 / 29 de noviembre de 2015

Erick Erickson, jefe de Redacción del sitio web RedState.com, es un poder serio en los círculos derechistas. Pronunciar un discurso en la reunión anual de RedTsate es un rito de pasaje de los políticos republicanos con ambiciones y Erickson llegó a los encabezados este año cuando le retiró a Donald Trump la invitación para asistir a los festejos.

Por lo tanto, conviene poner atención a lo que dice Erickson. Y, como es de adivinarse, él no tiene muy buena opinión de las políticas antiterroristas del presidente Barack Obama.

Empero, su respuesta a los ataques de París fue un poco desconcertante. Los franceses mismos se empeñaron en conservar la calma y, efectivamente, han salido a las cafeterías para demostrar que se niegan a ser intimidados. Pero Erickson declaró en su sitio web que no pensaba ir a ver el estreno de la nueva película de Star Wars pues “en los cines de Estados Unidos no hay detectores de metales”.

Es una reacción muy extraña, pero si la examinamos bien, vemos que es parte de una tendencia mayor. Estos días, los ataques de pánico después de que sucede algo malo son la regla, más que la excepción, al menos en un lado de la división política.

Consideremos primero la reacción a los ataques de París. Haciendo a un lado las espadas láser, ¿los miedos de Erickson son más ridículos que los de las docenas de gobernadores —casi todos ellos republicanos— que quieren impedir la entrada de refugiados sirios en sus respectivos estados?

Obama ciertamente piensa que están siendo ridículos. De hecho se burló de los políticos que pretenden ser tan rudos que pueden ver a la cara a los enemigos de Estados Unidos, pero que “tienen miedo de viudas y huérfanos”. (Probablemente se estaba refiriendo a Chris Christie, el gobernador de Nueva Jersey que dijo que quiere prohibir el ingreso incluso de niños). Una vez más, es contundente el contraste con Francia, donde el gobernante François Hollande reafirmó la disposición de su país a aceptar a los refugiados.

Y es bastante difícil encontrar a cualquiera de este lado del espectro político, aun entre las voces supuestamente respetables, que muestre la menor brizna de perspectiva. Jeb Bush, que empezó su campaña como el candidato del establecimiento, quiere reprimir la entrada de refugiados “a menos que demuestren que son cristianos”. El historiador Niall Ferguson, favorito de la derecha, afirma que los ataques de París fueron exactamente como el saqueo de Roma a manos de los godos. ¿Los antiguos romanos volvieron a frecuentar los cafés pocos días después?

Pero en realidad no deberíamos de sorprendernos, pues esta película ya la habíamos visto (a menos que tengamos demasiado miedo para ir al cine). ¿Recuerdan el gran susto del ébola en 2014? La amenaza de una pandemia, como la amenaza de un atentado terrorista, era real. Pero se le dio una importancia exagerada, gracias en gran parte al barullo armado por la misma gente que ahora está exaltando el peligro terrorista.

Lo que es más, las supuestas “soluciones” eran similares también, en su combinación de crueldad y estupidez. ¿Alguien recuerda que Trump declaró que “la plaga se iniciará y se extenderá” por todo Estados Unidos a menos que se suspendan de inmediato todos los vuelos de los países infectados? ¿O el hecho de que Mitt Romney adoptó una posición similar? A fin de cuentas resultó que los funcionarios de salud pública sabían lo que estaban haciendo y el ébola muy pronto quedó controlado. Pero es muy poco probable que alguien de derecha haya aprendido algo de esa experiencia.

¿Qué explica la propensión al pánico de la derecha moderna? Sin duda una de las razones es el conocido argumento de que los más bravucones son también los más cobardes. Pero yo pienso que además está vinculado con la mentalidad apocalíptica que se ha apoderado de los republicanos durante los años de Obama.

Piénselo bien. Desde el día que Obama asumió el cargo, sus rivales políticos han estado dando la voz de alarma por catástrofes inminentes. ¡Crisis fiscal! ¡Hiperinflación! ¡Colapso económico provocado por el flagelo del seguro médico! Pero en la derecha, nadie se atreve a apuntar que ninguno de los desastres prometidos ha llegado a materializarse o ni siquiera a proponer un enfoque más matizado.

Dado este contexto, es totalmente natural que la derecha haya aprovechado un ataque terrorista en Francia como prueba de que Obama ha dejado indefenso y vulnerable a Estados Unidos. Ted Cruz, que tiene buenas posibilidades de ser el candidato republicano, llegó al grado de declarar que el presidente “no desea defender a este país”.

El contexto también explica por qué los expertos de Washington fueron tan tontos al imaginar que los ataques de París podrían desinflar la candidatura de Donald Trump, que los ciudadanos republicanos se volcarían en favor de aspirantes del establecimiento, más serios en el tema de la seguridad nacional.

¿Quiénes son exactamente esos candidatos serios? ¿Por qué el establecimiento, que ha pasado años fomentando que la base alimente sus miedos y rechace los matices, ahora espera que esa misma base entienda la diferencia entre hablar recio y ser realmente efectivo? Y por supuesto, las encuestas levantadas desde los ataques de París muestran que Trump de hecho ha ganado terreno.

La idea es que, en estos momentos, la derecha gira exclusivamente en torno del pánico y la candidatura republicana irá al que pueda canalizar más efectivamente ese pánico. ¿Ocurrirá lo mismo en la elección general? Siga sintonizado.

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