Columnistas

Sobre los ardides de la derecha

Al final de cuentas, la única y definitiva palabra la tendrá el pueblo: esa es la auténtica democracia.

La Razón (Edición Impresa) / Sacha Llorenti

04:29 / 01 de noviembre de 2015

Desde hace un par de meses, la derecha boliviana e internacional ha desatado su campaña en contra de la posibilidad de que el presidente Evo Morales pueda ser candidato en las elecciones de 2019. Desde portadas de periódicos, pasando por encuestas dudosas y artículos de opinión proselitistas, hasta inundar las redes sociales con medias verdades o completas mentiras.

En realidad, nada nuevo. Desde hace muchos años, el proceso de cambio ha superado todas las campañas democráticas y antidemocráticas. Sin mencionar los afanes separatistas, la toma de instituciones o el intervencionismo externo; la derecha ha intentado forzar el concepto de democracia a sus necesidades y limitaciones estructurales.

Primero exigían mayoría absoluta, luego dos tercios, después el revocatorio y más recientemente alternancia. Todas presentadas como sinónimos de democracia, pero disfrazando el verdadero objetivo: truncar el proceso y garantizar el retorno de la derecha.

Sin embargo, un artículo de opinión, escrito por Rafael Archondo, publicado en La Razón y titulado David presidente devela otro táctica opositora: intentar dividir internamente al Movimiento Al Socialismo (MAS). En esa nota, se dice que el principal problema del MAS es el caudillismo, el depender de una persona y que el MAS “necesita perder el referéndum de febrero”.

Nadie puede cuestionar la estatura histórica de David Choquehuanca, uno de los constructores más importantes y pilares de este proceso. Pero la intencionalidad es muy clara, se pretende dividir desde adentro; confundir para hacer creer que votar por el No, y que perder en el referéndum, sería algo bueno para el proceso.

Lo que faltaba era eso, que la derecha disfrazada de defensora del masismo nos diga ahora que no apostar por la continuidad, el liderazgo y la capacidad de estadista de Evo es algo bueno para “la fortuna de la nación boliviana”. Demasiadas y más duras pruebas ha superado el movimiento popular en las pasadas décadas. En esa historia son muy pocos los dirigentes que permiten que se les caliente las orejas, que atienden a los llamados de esos otros “tira-saco” que dicen: “ahora te toca”, “tú eres mejor”.

La derecha sofistica sus artificios, pero no renueva sus miedos: no quiere y no le conviene que el mejor dirigente del movimiento popular, el mejor candidato de la izquierda, quien tejió el más poderoso movimiento político, el mejor presidente de la historia de nuestro país sea candidato.

El destino de ese nuevo intento será el fracaso. La realidad objetiva es que la principal fortaleza del MAS está en los movimiento sociales articulados y confederados por Evo Morales, en el modelo de Estado, el plan plasmado en la Agenda 2025, en los logros económicos y sociales y en su liderazgo mundial.

Al final de cuentas, como solo se hace en esta fecunda época, la única y definitiva palabra la tendrá el pueblo: esa es la auténtica democracia.

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