Columnistas

Ese asunto del calentamiento global

Para mantener el actual ritmo de depredación y acumulación se precisan siete planetas como la Tierra

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

00:01 / 17 de octubre de 2015

Viene la COP 21. No es otra cosa que la Conferencia anual que convoca las Naciones Unidas para reunir a los jefes de Estado para debatir sobre el problema del cambio climático. Hace 21 años que se realiza este ejercicio que, al igual que la participación de los jefes de Estado en la Asamblea anual de las Naciones Unidas, se parece más a un concurso de discursos entre sordos que un evento para tomar decisiones contra un problema descomunal que exige soluciones inmediatas.

Hace cinco años, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP) se llevó a cabo en México y fue precedida por la Primera Conferencia de los Pueblos sobre el calentamiento global que se efectuó en Tiquipaya, Cochabamba. Las conclusiones de este encuentro organizado en el país fueron dadas a conocer a los jefes de Estado de los países miembros de la ONU sin mayores repercusiones. La cumbre de diciembre próximo, que se desarrollará en París, también tiene el antecedente de un encuentro mundial de los pueblos que envía advertencias, pedidos, sugerencias y soluciones. Y no hay mucho optimismo por el resultado.

En la II Conferencia de los Pueblos que concluyó esta semana en Tiquipaya, los datos e informes científicos divulgados por los expertos son terroríficos. Hace 21 años, cuando empezó la “preocupación” mundial por el calentamiento global era de pesadilla imaginar el cumplimiento de los pronósticos de los expertos. Se advertía que un incremento de dos grados Celsius en la temperatura promedio del planeta provocaría padecimientos extremos al ser humano y al resto de las especies. Ahora, la mayor pesadilla es la amenaza de que la temperatura aumente hasta en cuatro grados Celsius para 2030 (está tan cerca la fecha de este pronóstico que ya no es futurología). Al actual nivel de emisiones de dióxido de carbono, el principal gas contaminante, en 15 años se llegará a ese nivel de temperatura, aumento que pondría en riesgo la propia sobrevivencia de los seres humanos.

En 21 años no se cumplió casi nada de lo comprometido en el famoso Protocolo de Kioto (que Estados Unidos por ejemplo no suscribió), y entre esos incumplimientos está la reducción de gases de efecto invernadero por debajo del nivel que existía en 1995. Ante lo inútil de los compromisos, la Organización de las Naciones Unidas optó, como una medida previa a la cumbre de París, que sus 193 Estados miembros propongan reducciones voluntarias (los gases de las fábricas, de los motorizados y la quema de bosques están entre los principales).

Algunos gobiernos han dado a conocer sus contribuciones voluntarias. Una primera estimación de cuánto incrementaría la temperatura global de cumplirse estas contribuciones calcula un incremento de 1,8 grados Celsius hasta 2030 (casi al límite del terrorífico aumento de dos grados que se advertía hace 21 años). La otra mala noticia es que hasta ahora no hubo poder humano que persuada a los países que tienen la sartén por el mango y sus transnacionales a cumplir con los compromisos globales, y la actual propuesta de reducción no es ni siquiera un compromiso, sino una expresión de buena fe.

En todos los foros alternativos sobre cambio climático se ha señalado que se le debe pasar la factura al capitalismo por el deterioro del clima mundial. Es obvio, un modelo económico de acumulación desmedida de bienes como es el capitalismo precisa, hoy mismo, por lo menos siete planetas como la Tierra para mantener su actual ritmo de depredación del medio ambiente. Y ahí están los datos que resultan groseros cuando se compara cuánto consume de agua, de electricidad, de alimento un habitante del primer mundo y otro del tercero o cuarto. Pero esos datos parece que tampoco conmueven.

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