Columnistas

El ayer en la ciudad actual

El premonizar y visualizar la ciudad actual partió de alguna manera de las reflexiones de artistas del ayer

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:28 / 20 de agosto de 2015

Lo más usual es pensar hoy que el nuevo camino y las visiones sobre la ciudad y la vida urbana actual son concebidas únicamente con base en la conceptualización de expertos progresistas. Un criterio no del todo cierto, ya que muchos de ellos aparecieron en tiempos pasados. Fue en el siglo XVIII, gracias a la carta de respuesta a una publicación sobre la ciudad de Ginebra, que un escritor visualizó la vida urbana de las grandes ciudades de hoy, momentos en que se avizoraba su nuevo camino participativo. Así, el cuestionamiento al desarrollo de Ginebra hizo que el intelectual aseverase que si ello fuese así, la ciudad se convertiría en un “auténtico campo de expresividad” y como consecuencia, la conducta de la población cambiaría, por una parte, disolviendo sus personalidades en un cúmulo de “apariencias” y, por otra, convirtiendo al ciudadano en un ser “programado, sin religión, con amor al placer y a las grandes movilidades”.

De esa manera, esa polémica comenzó a avizorar la vida urbana de más de dos y medio siglos posteriores. Hoy ese personaje es considerado uno de los más grandes observadores y estudiosos de la vida pública. La contraparte de la disputa sin embargo fue más lógica y coherente con el desarrollo que comenzaron a vivir las ciudades al erigirse en capitales “cosmopolitas”. Momentos en que esa visión cristiana de la ciudad medieval fue reemplazada por una nueva, en la que la pluralidad de costumbres de habitantes de mundos distintos y la libertad de interacciones abrieron la red frecuente de sociabilidad entre ellos. Esto llevó a esa sociedad a frecuentar calles, cafés, restaurantes, sin olvidar a las plazas y esencialmente los paseos, que se convirtieron en vitales para la ciudad gracias a la socialización. Metáfora a fin de cuentas de la ciudad imaginada desde una realidad diversa, la cual desde entonces consolidó al espacio público como el más importante de las urbes.

Empero, no se puede dejar de mencionar otras concepciones como la de  Leonardo Da Vinci, artista y uno de los más grandes creadores de la historia que a sus 60 años quiso transformar Florencia en una ciudad ideal, planeando por ejemplo el trazado de una nueva calle de dos niveles conectados por escalones. El superior para el paseo, y el inferior, para el tráfico comercial, una imagen de calles de doble nivel, peatonal y comercial de la ciudad actual.

Tampoco se puede obviar a los poetas del siglo XIX, quienes enamorados esta vez de las multitudes y de lo incógnito comenzaron a avizorar los primeros cambios referidos a la ciudad maquínica, para caminar de frente hacia una modernidad donde lo transitorio y el júbilo por el movimiento fueron  ideados en 1880, lo cual hoy sigue embelesando a muchos.

Ya en los primeros años del siglo XX se buscaron cambios radicales y se comenzó a construir nuevas plazas, monumentales espacios históricos que, para asombro de muchos, la ciudadanía nunca se llegó a apropiar. Esta realidad impulsó un retroceso en la recuperación y el camino paralelo con la otrora plaza expresiva y nutrida por las vivencias cotidianas. Es decir, centros de vida comunitaria con carácter eminentemente social.Por todo ello, parece evidente que el premonizar y visualizar la ciudad actual partió de alguna manera de reflexiones imaginativas y creativas de artistas, escritores y poetas del ayer. Idea clara del pensador de las grandes metrópolis que no deja de poner sus ojos en el futuro.

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