Columnistas

La banca en la ‘sombra’

La crisis financiera global de 2008 sacó al desnudo los riesgos asociados a la banca paralela

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

02:34 / 04 de octubre de 2014

El último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la Estabilidad Financiera Global, publicado en octubre, analiza la expansión de la banca paralela en los últimos años, después de la crisis financiera mundial de 2008, en las economías avanzadas y emergentes, así como los riesgos y beneficios que plantea.

Según el informe, “la banca paralela mueve entre $us 15 billones (millones de millones en español) y 25 billones en Estados Unidos, entre $us 13,5 billones y 22,5 billones en la zona del euro, y entre $us 2,5 billones y 6 billones en Japón —según cómo se la mida—, y aproximadamente de $us 7 billones en los mercados emergentes (donde está creciendo más rápido que el sistema bancario tradicional)”.

Se entiende como banca en la sombra o paralela a los intermediarios financieros que escapan a la esfera del sistema bancario tradicional y que, por tanto, están fuera del sistema de supervisión y del apoyo de los bancos centrales. Estos intermediarios captan recursos a corto plazo en los mercados monetarios y los usan para comprar activos con plazos de vencimiento más largos, pero sin la regulación a que están sometidos los bancos tradicionales. No pueden acceder a préstamos de liquidez ni tienen depositantes con cobertura de seguro de depósitos. La banca paralela puede incluir instituciones financieras como fondos comunes de inversión que operan en el mercado de dinero, fondos de cobertura (hedge funds), sociedades financieras y agentes que invierten por cuenta propia y ajena.

Esta banca en la sombra, similar a la banca “loca” de hace un siglo que tampoco era regulada, contribuyó a la crisis financiera primero con la crisis subprime o crisis de las hipotecas a partir de los derivados financieros y, después, con la asunción de elevado riesgo y problemas de liquidez de los fondos de inversión. Según el informe del FMI, la crisis financiera global sacó al desnudo los riesgos asociados a la banca paralela, “debido a su dependencia del financiamiento a corto plazo, que puede conducir a ventas forzadas de activos y a espirales descendentes de precios cuando los inversores retiran sus fondos con poco preaviso”.

Casualmente, en septiembre se recordaron los seis años del hundimiento de Lehman Brothers, uno de los mayores bancos de inversión estadounidenses, que dio el puntapié inicial a la mayor crisis financiera mundial desde el crac de 1929. Y lo curioso es que después de la crisis se sufre una especie de amnesia financiera, se olvidaron sus causas y efectos. Así por ejemplo, dice el informe del FMI, que los fondos de inversión que no operan en el mercado de dinero han registrado el crecimiento más rápido desde 2009: de 35% a 70% del PIB en Estados Unidos, y de 35% a 65% en la zona del euro. Y lo más grave es el pensamiento del FMI, que insiste en que la “banca paralela puede ser beneficiosa”, puesto que amplía el acceso al crédito, especialmente en las economías de mercados emergentes, donde “la red de bancos tradicionales a menudo sufre limitaciones regulatorias o de capacidad, tales como restricciones a los préstamos o a las tasas de interés”.

No obstante ello, en su informe el FMI alienta a los países a supervisar la banca paralela como parte de las políticas encaminadas a preservar la seguridad del sistema financiero global. Lo que uno no entiende es que se decía que los mercados financieros son opacos, poco transparentes, pero con la banca paralela se pasan de castaño a oscuro.

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