Columnistas

El batallón Pichincha en Ayacucho

En la inmortal Pampa de Ayacucho quedaron sepultados más de 300 años de oprobio y esclavitud.

La Razón (Edición Impresa) / Orlando Rincones Montes

01:15 / 09 de diciembre de 2016

No se trata de un juego de palabras ni de la mala lectura de algún mapa, el 9 de diciembre de 1824 el batallón Pichincha fue la unidad más destacada del Ejército Unido Libertador en la célebre contienda que selló la independencia del continente americano: la Batalla de Ayacucho.

Para conocer el origen de esta benemérita unidad, debemos remontarnos al 24 de mayo de 1822 y rememorar la victoria que consumó la libertad de Quito y la independencia de la actual República de Ecuador. Luego de esa jornada gloriosa, el Libertador Simón Bolívar decide que en adelante el estandarte que recordaría al mundo la épica gesta de Pichincha sería enarbolado por un solo cuerpo, el de más brillante desempeño ese día de gloria. En consecuencia, el 9 de julio de 1822, desde su cuartel general en las Bodegas de Babahoyo, Bolívar decreta: “Los batallones Alto Magdalena y Paya formarán un solo batallón, que llevará perpetuamente el glorioso nombre de Batallón Pichincha”.

En octubre de ese año, formando parte de la División Auxiliar Colombiana, el Pichincha arriba a Lima junto a otras unidades veteranas, el Vencedor y el Yaguachi, prestos a auxiliar al Perú y a completar la obra emancipadora americana. El 9 de diciembre de 1824 llegaría la hora decisiva para América. En la inmortal Pampa de Ayacucho van a quedar sepultados para siempre más de 300 años de oprobio y esclavitud, no sin antes demandar para ello el noble y extraordinario sacrificio de todas las unidades del Ejército Unido Libertador.

Sobre las diez de la mañana se despliegan las tropas y los fuegos de cazadores y artilleros anuncian el inicio de la batalla final de la independencia. Una torpe maniobra del mariscal Monet desnuda una pequeña brecha en la formación realista, coyuntura magistralmente aprovechada por Antonio José de Sucre, general en Jefe de los patriotas. El joven prócer venezolano ordena al general José María Córdova que ataque con toda su división el centro realista, comprometido momentáneamente en el paso de una quebrada. La orden fue magistralmente ejecutada por el general neogranadino “a paso de vencedores”.

En esta decisiva acción el aporte del Pichincha fue fundamental. Precedido de su glorioso estandarte, y bajo las órdenes de su bizarro comandante, el coronel José Leal, el batallón se abalanza sobre el enemigo con un arrojo inigualable, el teniente Prieto (de Guayaquil), el oficial Ramonet y otros 20 efectivos de tropa rinden prematura y heroicamente sus vidas en un frenético esfuerzo por contener el empuje realista. Compitiendo en denuedo con sus oficiales, Leal cae herido, y como él, otros seis jefes y 55 soldados del Pichincha. Finalmente la División Córdova, auxiliada por la caballería patriota y los batallones Vencedor y Vargas, termina por decidir la batalla a favor del bando republicano. Culminada la jornada tras cuatro horas de intensos combate, el Pichincha aún tuvo aprestos para trepar las faldas del Condorcunca en procura de las dispersas unidades enemigas.  

Tan heroico desempeño no pasa desapercibido para el alto mando patriota. El 19 de diciembre de 1824, desde su cuartel general en Huamanga, el general Sucre concederá 18 premios a los oficiales del Pichincha, constituyéndose de esta manera en la unidad más laureada de la batalla cumbre de la epopeya independentista americana. Sin embargo, el principal premio de la jornada va a recaer en el valeroso batallón Caracas, que recibe el nombre de Ayacucho, distinción que le cede el Pichincha al no querer sus integrantes —ni Sucre— privar de tan célebre y querido nombre a este puñado de insignes héroes.

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