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En un bosque, como en China

La maldición de las áreas protegidas es tener riquezas en fauna, flora y minerales; y esta riqueza ha despertado la codicia de los hombres para explotar todo lo que pueden de nuestro futuro.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

09:04 / 02 de diciembre de 2018

En su estancia en la comunidad Yuquimuni (al norte de Teoponte), Pedro Pedraza cuenta con una vivienda de dos pisos: uno en la superficie, en el que tiene sus habitaciones hechas de madera, frutales y sus animales domésticos; y otro en el subsuelo y que no le pertenece, donde ciudadanos chinos buscan afanosos el oro que existe en aquella región.

Cuando viajamos al norte de La Paz, esperamos encontrar fauna y flora abundante, pero cuando visité Teoponte (municipio que pertenece a la zona de Larecaja Tropical) hallé un territorio tomado por asiáticos y colombianos. Había que confirmarlo, y era cierto.

La propiedad de don Pedro, donde antes se escuchaba el trinar de las aves, el canto de las cigarras o el paso del río Kaka, ahora está contaminada por el ruido constante de sierras que cortan árboles, tractores que destruyen el terreno y dragas que no cesan de trabajar.

En el ascenso por el río había al menos seis estructuras gigantes donde trabajan los asiáticos, y había otras tantas con ciudadanos colombianos. Todo ese sector, que antaño era lo más próximo a un paraíso, ahora carece de playas, y en su lugar hay inmensos promontorios de tierra que en época de lluvia pueden ocasionar inundaciones.

A don Pedro le explicaron que el terreno le pertenece, pero no el subsuelo; por lo que las autoridades dieron permiso a un boliviano para que extraiga oro.

Este último, según la denuncia del dueño de la estancia, alquiló su concesión a ciudadanos chinos a cambio de un porcentaje de sus ganancias. Autoridades municipales de Teoponte presentaron una queja al Ministerio de Minería y a la Federación de Cooperativas Mineras de La Paz, pero no se consiguió mucho, solo que la actividad aurífera se suspendiera por poco tiempo.

La maldición de las áreas protegidas es tener riquezas en fauna, flora y minerales; y esta riqueza ha despertado la codicia de los hombres para explotar todo lo que pueden de nuestro futuro. Hace unos días, por ejemplo, otorgaron licencias ambientales a los proyectos hidrocarburíferos Domo Oso, Churumas y Astillero, que indefectiblemente afectarán la Reserva Nacional de Fauna y Flora Tariquía, ubicada en el sudeste de Tarija.

El otro sector en riesgo se encuentra al norte de La Paz, donde la propiedad de don Pedro corre el riesgo de colapsar por los trabajos en el subsuelo y la horadación en los márgenes. Al acercarnos donde se llevan a cabo los trabajos, hallamos tractores que han abierto un hueco de al menos media hectárea.

Al vernos, un chino nos amenaza a lo lejos, y le hace señales a uno de sus compatriotas que viste ropa camuflada, en un bosque tropical que parece que ya no nos pertenece.

Es periodista de La Razón.

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