Columnistas

De buena fe

Estos personajes fundamentalistas no merecen que les demos nuestra buena fe.

La Razón (Edición impresa) / Julieta Paredes

00:00 / 17 de noviembre de 2013

Ciertamente recordar la educación en la que crecimos nos devuelve momentos importantes de nuestras vidas a quienes estuvimos en colegios católicos y cristianos. Es muy necesario para las decisiones de hoy reflexionar sobre los mecanismos plantados dentro de nuestros corazones y razonamientos, elementos que hoy pueden seguir haciendo crecer la cizaña que te corroe con el miedo y la culpa.

Ninguno de los argumentos que esgrimen las iglesias del miedo responden a las preguntas que las feministas comunitarias les hacemos. Para recordarlas, las repetimos: ¿qué significa la libertad de conciencia de las mujeres? ¿Acaso piensan que las mujeres no tenemos el sentido de la ética y la moral al tomar nuestras decisiones? ¿Es que las mujeres debemos ser tuteladas por los hombres? ¿Cuál decisión sobre su cuerpo, que los hombres toman, es penalizada? ¿Acaso la eyaculación en vagina que no desea ser fecundada es penalizada, perseguida, culpabilizada?

Los cristianos en general evaden hoy la discusión sobre estas preguntas y están dedicados a meter miedo. Presionan en los medios de comunicación. Católicos y cristianos en general han tomado la estrategia del acoso político religioso de baja intensidad. No sé si las autoridades de gobierno y dirigentes de organizaciones sociales se ubican. En todas las entrevistas, todas, incluyen la pregunta de si están de acuerdo o no con la despenalización del aborto. Lo hacen a boca de jarro y sin ninguna contextualización. Sugieren de una manera tan primaria, con expresiones como: “Sr. ministro, sé que usted ama la vida y por lo tanto no va estar de acuerdo con la despenalización del aborto”. “El aborto es una medida en países imperialistas y coloniales”. “El aborto trae la esterilidad de las mujeres y necesitamos más habitantes en Bolivia”.

Creo que se aprovecharon de nuestra buena fe, literalmente, para meter ese mecanismo de miedo y culpa dentro nuestro. Han corrompido nuestros sentimientos del cuerpo y del placer cuando siendo niñas y niños creímos en ellas y ellos. Debemos recuperar esos sentimientos preciosos de las manos de estos inquisidores.

Amerita una reflexión de nuestra parte. Estos personajes fundamentalistas no merecen que les demos nuestra buena fe. Habernos dejado conmover por un “tal Jesús” solidario, compañero, amigo, un igual a nosotras y nosotros no merece ser confundido por un malvado gran patriarca que se dedica a despreciar y discriminar las decisiones de la mitad de la humanidad que somos las mujeres.

En fin, es toda una campaña de afirmaciones, mentirosas, superficiales y discriminatorias contra las mujeres. No responden a los argumentos sobre el derecho a decidir de las mujeres y a la afirmación que la muerte por aborto es un problema de salud pública. Creo que sería importante para las organizaciones de mujeres pensar seriamente en una denuncia por acoso político religioso y discriminación a las mujeres por parte de los cristianos y católicos, y por supuesto continuar con la campaña de apostasía, que es renunciar a pertenecer a estas iglesias discriminadoras.

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