Columnistas

Lo bueno, lo malo y lo feo de 2011

Ahora Juan Antonio Morales está con arresto domiciliario, con una justicia a dos velocidades

La Razón / Gabriel Loza

00:20 / 31 de diciembre de 2011

En esta columna siempre resalté el adecuado manejo de la política macroeconómica, el buen desempeño económico y que 2011 nos dejará con una inflación del 7%, un crecimiento del PIB cercano al 5% y un superávit externo y fiscal, esta vez con la buena calificación de la CEPAL. Todo ello sería lo bueno de este año.

También en una oportunidad, bajo el título Bienes comunes de ningunes, señalé, antes de profundizarse el conflicto, que “Estamos en una situación, en la que el Gobierno y los habitantes del TIPNIS estarían intentando elegir de manera independiente la mejor alternativa a seguir, pero podrían terminar en una posición peor de la que hubieran alcanzado si hubiesen cooperado desde un principio”. Sería lo malo de 2011.

Por último, terminando de leer un libro sobre los 12 economistas más importantes de la historia me puse a pensar que si tuviera que escoger un economista boliviano, nombraría al doctor Juan Antonio Morales. La mayoría de los colegas lo conoce, pero lo que quiero contarles es cómo lo conocí en 1974, cuando un grupo de bolivianos fuimos expulsados de Chile y queríamos continuar nuestros estudios truncados de economía. Y fue la Universidad Católica, el licenciado Hugo Argote y Juan Antonio Morales, flamante doctor y recién llegado de Lovaina, quienes nos acogieron, aprobaron al máximo nuestras equivalencias y nos facilitaron la culminación de nuestros estudios. Fue el profesor relator de mi tesis sobre La formación de las estructuras económicas en Bolivia hasta la crisis del 29, una interpretación marxista encubierta, en plena dictadura banzerista, del subdesarrollo del capitalismo.

En 1982, parte del equipo económico del MIR propuso su nombre como Ministro de Finanzas, pero fue otro el elegido. Asesoró al Ministro de Planificación en la elaboración del Plan Nacional y fue uno de los primeros en oponerse al 21060. Posteriormente y, aquí es donde repasando las vidas de economistas famosos, unos tomaron parte activa en la política; como asesores de gobiernos y directores de bancos centrales, como fue el caso de Keynes; y otros solamente se dedicaron a la docencia y la investigación, como el caso de Amartya Sen. Y Juan Antonio participó en el Plan de Todos, fue el primer presidente del Banco Central elegido por terna del Congreso y, sin embargo, nunca dejó la docencia, la investigación y la tiza.

Cuando en 1995 empezó el Efecto Tequila en México, le escribí señalando la importancia de examinar los flujos de capitales internacionales en la economía boliviana; primero, trabajé como consultor del Banco Central, vía Naciones Unidas; después entré como analista en Estudios Económicos.

Con motivo de la crisis de octubre de 2003, decidí dejar la investigación para participar en las decisiones de política económica, como director de UDAPE, y el doctor Morales respetó mi criterio aunque no estaba de acuerdo. Pero cinco años después, cuando el presidente Evo me designó como presidente del Banco Central, fue con el primero que conversé en su casa, y me dijo que apoyaba mi decisión y que había que seguir preservando la estabilidad económica. Continúo con la docencia y con sus artículos serios, críticos, equilibrados, fundamentados sobre política económica.

Y ahora está con arresto domiciliario, con una justicia a dos velocidades: rápida en determinadas situaciones, como la detención preventiva, y lentísima (en seis oportunidades) para impedirle continuar con su trabajo, la actividad de docencia, que es lo que más valora. Como economista, estoy indignado y esto para mí fue lo más feo de 2011.

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