Columnistas

Se busca un héroe

Los corredores nacionales nos han dado una razón para alegrarnos y eso los hace grandes

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega

00:07 / 19 de enero de 2014

Ha pasado medio siglo de vida, el hombre barbudo y de sonrisa amplia se convirtió en héroe o poco menos que eso tras su participación en el Dakar que pasó por Bolivia con mucho ruido y muchas nueces. El corredor en cuestión es Wálter Nosiglia. Durante la travesía él empezó de atrás, aceleró y se puso en la vanguardia de los competidores. Fue un caballero y rescató al campeón de cuadriciclos de 2013, el argentino Marcos Patronelli, cuando éste quedó perdido en un lugar del que no se olvidará jamás. Iba muy bien hasta que un desubicado lo chocó, casi lo mata.

Confieso que he vivido muy alejado de la realidad de los motores hasta que vi algo del rally. Y vi algo del rally no por voluntad propia, sino porque en mi familia nació el cariño por las ruedas así, de pronto. El Chavo Salvatierra y Wálter Nosiglia, Luis Barbery, Marcos Bulacia y Fabricio Fuentes hicieron emocionar a muchos. Gente “de la tercera edad” hablaba de ellos, los niños los vieron como superhéroes, y yo no le veía nada de extraordinario hasta que le di una oportunidad al Dakar. Carrera brutal que es capaz de acabar con la vida de “competidores”. Un infierno, dijo un corredor que se empeñaba por seguir en la ruta.

A estas alturas del partido, creo que había varias formas de ver la competencia. Por un lado estaban los intelectuales que veían un exceso en la mediatización del Dakar. Otros (entre los que me encontraba) decían que los daños ambientales eran brutales. Pero la mayoría veía en ellos a los héroes que nos hacían olvidar las penas por unos momentos. Y nos poníamos en su lugar.

Me di cuenta de que la gente luchaba al lado de ellos, sufría y disfrutaba al verlos correr. Me acordé de los bolivianos en Argentina que se alegraban cuando iban los equipos bolivianos a jugar contra Boca o River. Los compatriotas consideraban héroes a los jugadores que defendían los colores nacionales. Me acuerdo de la gente (de mí también, pues) que nos alegramos cuando la selección llegó a un mundial de fútbol; o cuando Bolívar sacó un segundo lugar en la Copa Sudamericana.

Es que nos emocionamos cuando una boxeadora puede ganar a otra. El deporte tiene eso de bueno (o quizás de malo), que nos hace olvidar de nuestros problemas y nos proyecta en otras personas.

Considero héroes a los bolivianos en Argentina que sobrevivían en condiciones difíciles. A los aficionados que luchan día a día y hacen malabarismos para sacar adelante a sus hogares en condiciones difíciles. Claro que también considero héroes a los corredores bolivianos, porque nos dieron alegrías en el terreno duro de la cotidianidad.

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