Columnistas

El califato del barrio

Al final lo subversivo de un acontecimiento histórico se acurruca en el regazo invisible del mercado

La Razón (Edición Impresa) / Elvis Vargas Guerrero

02:14 / 07 de noviembre de 2014

No hay nada más terrible que la ira de Alá. Llega el final del crimen, del adulterio, de lo inmundo cuando se vive de acuerdo con el Corán. Las calles son más habitables si las patrullan los jóvenes ortodoxos. El mundo feliz de la Sharia controlled zone. Allí la vida es ajena al alcohol, el rock, la pornografía, la prostitución, las drogas. Si un polaco es visto pasado de copas, lo reflexionan para que se convierta al islam o le piden abandonar el barrio. Los europeos ya no salen a pasear con sus perritos o a servirse un sándwich de cerdo. Éstas son nuestras reglas y éste es nuestro barrio.

La democracia existe cuando la mayoría se impone a la minoría. La Policía hace mucho tiempo que no atiende casos de delitos comunes, porque todo se arregla en circuito propio y solo va a investigar casos de terrorismo. Porque en las esquinas olvidadas de La Haya, Berlín o Bruselas aparecen pequeños califatos que, en cuenta de albergar a vándalos callejeros, drogadictos y prostitutas, albergan devotos vistiendo dejellaba’s (una especie de bata) y de mujeres con velo y algunas nikab (burka).

Es un capítulo más de la yihad universal. No hablo de la llave utilizada por Benjamin Barber para entender a Medio Oriente: La yihad vs McWorld. El escenario es apocalíptico. El neoliberalismo como el motor de la globalización. Una aplanadora derribando fronteras e identidades culturales. El hipnotismo del dinero plástico, las deliciosas grasas saturadas y esos malditos teléfonos celulares como moneda de cambio. Barber se inspiró en el siglo pasado en el símbolo globalizador de McDonald. Para mí, el McWorld es Mcintosch con sus súper rápidos y cool gaggets. Es la otra cara del bienestar con  la depredación de recursos naturales, trabajo infantil, esclavización de conciencia. Para McWorld los seres humanos solo somos consumidores a quienes se nos impone el requisito civilizatorio de la democracia formal (voto), la ética del ecologismo (hace mucho tiempo absorbida por el mercado), la preeminencia de la economía sobre la política, la estupidez de la cultura de masas. Un mundo artificial, comercialmente homogéneo, construido a la manera de una red mundial interconectada. La ideología es el combustible de la tecnología y la comunicación.

Yo no creo que la yihad esté contrapuesta a McWorld, sino que ha sido absorbida. El retorno al tribalismo, a la religión, a la teocracia, transita de acuerdo con McWorld. Es así que sus mejores fans están en Europa y son esos adolescentes de la tercera generación de emigrantes islámicos los que planean sus vacaciones en Siria, Irak o Chechenia. Una tercera parte de los combatientes del Estado Islámico son extrajeros. Aunque la yihad universal surge como crítica de la globalización, es el mejor ejemplo de lo globalizadas que están nuestras vidas. En los videos del Ejército Islámico se advierte la técnica de Hollywood. Sus recursos son multimedia. Las noticias reportadas por sus combatientes desde el campo de batalla son un ejemplo de periodismo digital. Los soldados SEAL encontraron al lado del cadáver de Osama Bin Laden un iphone. Al final lo subversivo de un acontecimiento histórico se acurruca en el regazo invisible del mercado.

La yihad, para dolor del mundo musulmán, actúa como una teología del suicidio religioso. Un musulmán que mata otro musulmán. Probablemente aquí está la pata coja de quienes lo observamos desde fuera.

Quizás en el califato del barrio las cosas se vean y se sientan de manera distinta. Son nuestras barreras e impedimentos devenidos del hecho de que ya no nos es permitido imaginar. Hay una máquina infernal que cada día diseña nuestra forma de pensar. En McWorld nuestras vidas discurren de acuerdo con los acontecimientos mediáticos. No hay cómo aburrirse: Assad, Ucrania, Israel, Palestina, el Estado Islámico, el ébola... todo como si un guionista de un reality show ya lo hubiera escrito.

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