Columnistas

El cambio de época

Esta elección de Ecuador nos deja algunas enseñanzas y nos permite aprender de nuestra gente.

La Razón (Edición Impresa) / Ariel Basteiro

03:46 / 19 de febrero de 2013

A partir de 2006, cuando Rafael Correa asumió la presidencia de Ecuador, sorprendió a propios y extraños llevando adelante políticas internas novedosas para ese país; políticas de un tenor similar al que hacía ya algunos años otros presidentes como Chávez, Lula o Néstor Kirchner habían comenzado a implementar en sus territorios: fortalecimiento del mercado interno, defensa soberana de recursos naturales, políticas sociales inclusivas, renegociación soberana de la deuda externa, enfrentamiento a las corporaciones. En ese sentido, Rafael Correa, con el planteamiento de la Revolución Ciudadana, siguió el rumbo con iniciativas semejantes en su país y lo profundizó, alineando a Ecuador en la política internacional junto a los países de la región que comenzaron a formar y hacer crecer Unasur, Celac, Mercosur.

Correa supo a todo ello darle su propia impronta a partir de un discurso claro, preciso y pedagógico, lo que le permitió explicar a la sociedad hacia dónde debe encaminarse Ecuador y, sobre todo, cuáles son los caminos que debe emprender la Patria Grande para alcanzar su unidad. Hoy se configura como uno de los grandes líderes de Latinoamérica,  y con sus palabras, sus dichos categóricos, nos permite entender mucho de lo que estamos viviendo en la actualidad. No olvidemos aquella expresión conmovedora y esclarecedora sobre nuestros tiempos: “América Latina no vive una época de cambios, sino un cambio de época”. O aquella frase: “Los europeos deberán explicarle a sus hijos por qué se unieron países tan diversos, con culturas, idiomas, y sistemas políticos tan diferentes. Pero cuando nuestra América esté unida, deberemos explicarle a los nuestros por qué nos demoramos tanto”.

No es para nada menor la actitud de Correa frente a los poderes imperialistas; en 2009 frenó la intervención norteamericana, retirando la base militar de Manta. Más tarde declaró “yo renuevo el convenio de la base americana en Manta, pero si EEUU me permite poner una base ecuatoriana aquí en Miami”. Siempre con ese estilo contundente, desafiante hacia los poderes hegemónicos, ha influido en todos nosotros, quienes trabajamos mancomunadamente por la integración regional. Todo ello sirvió para que los propios ecuatorianos, este domingo, le reconfirmaran su liderazgo y apoyo para continuar al frente de Ecuador por otros cuatro años, con un apabullante 57%, sacándole una ventaja al segundo de más de 30 puntos. La revolución ciudadana continúa. Este triunfo y reafirmación política es muy importante para la región. Es un triunfo que no sólo hay que profundizar sino también, y sobre todo, defender; es que los sectores de la reacción, en Ecuador, Bolivia o Argentina, al ver perder sus privilegios, tratan y seguirán tratando de debilitar, a través de mentiras y operaciones mediáticas, a los gobiernos que tantos cambios lograron para nuestros pueblos. Esto lo sufrió Chávez, Correa, Lula-Dilma y también en nuestro país Néstor y Cristina.

Esta elección de Ecuador, así como también la de hace algunos meses en Venezuela, nos deja algunas enseñanzas, nos permite aprender de nosotros mismos, de nuestra gente. Aunque las corporaciones, las derechas vernáculas o los falsos progresismos del establishment sigan realizando operaciones nefastas para mantener su poder, la ciudadanía sigue y seguirá apostando con sus votos y su confianza a los gobiernos que en los últimos diez años cambiaron la cara de Latinoamérica y supieron marcarle al mundo de qué manera se sale de las crisis y se crece.

Entendemos entonces que es fundamental este triunfo, que ganando Correa nos fortalecemos todos y todas; que también nuestros pueblos han entendido que para llevar transformaciones estratégicas y estructurales, muchas veces, debe darle continuidad a estos proyectos políticos. Los gobiernos de Venezuela, Uruguay, Brasil, Ecuador o Argentina tienen mandatos que se prolongan por más de diez años y quizás esto también sea una característica propia de nuestros países para hacer cumplir sueños, alegrías y reales transformaciones que superen las condiciones de desigualdad. Tal vez como también el propio Rafael Correa proclamó después de ganar su primera elección: “Después de muchos años de tinieblas, nos pudieron robar muchas cosas, pero no nos robaron la esperanza y hoy esa esperanza ha vencido”. Esa esperanza continúa y se materializa en el acompañamiento por parte de la ciudadanía; hoy Correa puede saludar a sus votantes y ratificar: “En Ecuador manda el pueblo, y ya no mandan ni la bancocracia ni el poder mediático; la democracia, las revoluciones se consolidan en nuestra América”.

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