Columnistas

El camino descolonizador de Tomás Katari

La gesta de 1781 liderada por Tomás Katari fue el paso más cercano que hubo hacia la independencia

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Montaño Durán

00:00 / 26 de febrero de 2014

Los pasos de Tomás Katari devoraron el camino infinito. La sede del virreinato del Río de la Plata estaba a 3.300 kilómetros, pero aún así, desprovisto de recursos materiales y sin entender castellano, emprendió su larga marcha a pie en búsqueda de justicia. Tras varios meses de andar, llegó a Buenos Aires a fines de 1778, donde pidió que se le reconozca su legítimo derecho como cacique de Chayanta. Su reclamo no había sido atendido en Potosí, al contrario, allí había sido apresado por su protesta, mientras que el mestizo Blas Bernal usurpaba su cargo, cobrando a los nativos tributos con listas dobles y los sometía a numerosos abusos.

En Buenos Aires, el virrey entregó a Katari un decreto ordenando a las autoridades de Potosí que investiguen sus acusaciones. Pero de poco le valió, pues cuando Katari regresó a Chayanta con el decreto en las manos, lo apresaron de nuevo. En la Colonia, las leyes no se cumplían simplemente porque las autoridades estaban demasiado lejos. En protesta por la arbitraria detención de Katari, el cacique Tomás Acho se dirigió al corregidor Joaquín Alós para reclamarle. Como respuesta, Alós mató a Acho de un pistoletazo. La muerte de Acho colmó la paciencia de los nativos que ya bastantes atropellos y exacciones sufrían por parte del cacique Bernal y del corregidor Alós. Muñidos con hondas, macanas y lanzas se levantaron contra las milicias de Alós y lo apresaron. Al conocer este hecho, la Real Audiencia no solo puso en libertad a Tomás Katari, sino que le entregó su puesto de cacique. Con generosidad, Katari evitó que los nativos linchasen al corregidor Alós, salvándole la vida.

Sin embargo, los españoles no perdonaron a ese indio alzado. Un minero llamado Manuel Álvarez apresó arteramente a Tomás Katari mientras éste hacía un recorrido, y lo arrojó a un precipicio, asesinándolo el 15 de enero de 1781. Los nativos, enardecidos por la muerte de su líder, hicieron que Álvarez y su cómplice Acuña pagasen el crimen con sus vidas.

En esos tiempos tan lejanos, en que las mujeres occidentales estaban recluidas en sus casas, la viuda de Katari, Kurusa Llawi, siguió combatiendo contra el dominio colonial, lado a lado con los varones.

El levantamiento de Tomás Katari fue una de las primeras acciones de la gran rebelión que estaba dirigida desde el Cusco por Túpac Amaru y Micaela Bastidas, y que en La Paz estaría encabezada por Túpac Katari (quien justamente tomó el apellido de Tomás) y Bartolina Sisa, y en la que también participaron mestizos cansados de la opresión y de la prepotencia, como Sebastián Pagador y Jacinto Rodríguez en Oruro, en un movimiento largamente planificado y admirablemente articulado dentro de un inmenso territorio. Aunque sofocada cruelmente, la gesta de 1781 fue el paso más cercano que hubo hacia la independencia hasta entonces, y abrió un camino que hasta ahora seguimos recorriendo: el de la descolonización.

Hace pocos días, la Asamblea Legislativa Plurinacional sancionó una ley que declara héroes a Tomás Katari y a Kurusa Llawi, como justo homenaje a sus memorias, para que todos los bolivianos conozcamos su gesta y sepamos que en  la Colonia hubo un hombre que tuvo el coraje de dar su vida por nuestra liberación.

Es periodista e historiadora.

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