Columnistas

El cardenal Martini, modelo de diálogo

‘Soñaba con una Iglesia que diera ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores’

La Razón / Xavier Albó

00:02 / 16 de septiembre de 2012

He tenido un paréntesis en Roma, para una reunión sobre diálogo ecuménico e interreligioso. Por cierto que, en la concelebración que tuvimos el sábado 8, pedimos juntos que la boda civil, andina y católica de nuestro Vicepresidente y Claudia inicie una vida llena de amor y con una creciente profundización de todo tipo de diálogo.

Cuando llegué a Roma se realizaba en Milán el entierro del cardenal jesuita Carlo María Martini (1927-2012), uno de las voces más esclarecidas de la Iglesia para mantener viva la línea innovadora y dialogante del Concilio Vaticano II. De Martini se había dicho, en el último cónclave, que era “papable” aunque él mismo, al entrar en él, dejó claro que era “Martini rosso (rojo), non Martini bianco” jugando con los colores de la bebida y de las sotanas de cardenal y de papa. El 1 de septiembre, Il Corriere della Sera, uno de los más prestigiosos periódicos de Europa, le dedicó nada menos que siete páginas y otras varias en los días siguientes.

¿Qué lo hizo tan relevante? Aparte de su gran calificación como biblista, rector del Instituto Bíblico y de la Gregoriana en Roma y Jerusalén, sus 22 años como arzobispo-cardenal de Milán, y sus muchas publicaciones, sobresale en él la combinación de su lealtad religiosa y su apertura humana, con una gran capacidad de diálogo con gente de toda condición, creyentes de diversas religiones o agnósticos, y una mente siempre abierta a los nuevos desafíos: “hablaba con el corazón” y “decía sin doblez lo que pensaba”.

Aquí van algunas pinceladas. Martini opina que el celibato, como signo evangélico de gran valor, se mantendrá en la Iglesia, pero, por lo mismo, debería ser opcional; la ordenación sacerdotal debería abrirse también a las mujeres y a casados probos. Sin ser ligeros contra la estabilidad del matrimonio, la Iglesia debería encontrar otras soluciones más evangélicas para familias recompuestas que necesitan quizás más que otros la fuerza de la comunión. Muestra también todo respeto por parejas homosexuales bien consolidadas. Por su compromiso, recibió el premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en 2000. Aceptó su muerte natural rechazando tratamientos extraordinarios en Italia, cuyo sistema judicial condenó poco antes a quienes habían desconectado los tubos que mantenían viva a una mujer en coma. Su decisión vital vale más que mil palabras.

En su última entrevista concedida el pasado 8 de agosto a Georg Sporschill y Federica Radice, publicada primicialmente por Il Corriere, dice: “La Iglesia ha retrocedido 200 años. ¿Por qué no se despierta? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en vez de coraje?” Tres años antes, siendo ya emérito, confesó al mismo Sporschill en sus Coloquios Nocturnos en Jerusalén: “Antes tenía sueños sobre la Iglesia. Soñaba con una Iglesia que recorre su camino en la pobreza y en la humildad, que no depende de los poderes de este mundo; en la cual se extirpara de raíz la desconfianza; que diera espacio a la gente que piensa con más amplitud; que diera ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores. Soñaba con una Iglesia joven. Hoy ya no tengo más esos sueños”.

Recién retornado a mi patria tan querida, la encuentro de nuevo convulsionada por sus dolores de parto para refundarse como pluri, inter y a la vez unitaria y creativa. ¿O ya no soñamos? Que Martini sea también para nosotros una saludable bocanada de aire fresco.

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