Columnistas

Una carrera trepidante

Cada uno de los candidatos se mueve hacia las elecciones de acuerdo con una clara y tenaz ideología

La Razón / Pablo Mendieta Paz

01:54 / 26 de marzo de 2012

En afanosa búsqueda hacia su reelección, una reciente encuesta ha situado a un satisfecho presidente francés Nicolas Sarkozy (57) con una ligera ventaja frente a su principal oponente, François Hollande (57), candidato por el Partido Socialista. No obstante, los analistas consideran que, dada la creciente impopularidad de Sarkozy, se prevé que Hollande (compañero sentimental de Ségolène Royal, la carismática política y contendiente derrotada por el actual presidente en las elecciones generales de hace cinco años) ganará en la ronda crucial o segunda vuelta (ballottage) prevista para el 6 de mayo próximo.

No faltan razones para vaticinar este resultado, pues el líder conservador (Sarkozy), empeñado en los últimos tramos de una carrera al galope en adoptar una postura clara, firme y abiertamente de derecha, sin idas ni venidas, y menos condescendiente, ya que exige acciones enérgicas e inflexibles contra la inmigración no autorizada y tiende a reducir al silencio las iniciativas que buscan el apoyo a los musulmanes franceses, ha volteado asimismo la mirada, en su desenfrenada aspiración de prórroga presidencial, hacia la caza de buena parte de los votos de una extrema derecha, resurgente bajo la dirección de su candidata Marine Le Pen (43), del Frente Nacional, hija menor del político de viejo cuño Jean-Marie Le Pen, así como del otro candidato de una atomizada ultraderecha como lo es Philippe Poutou (45).

Con aquellas ideas, y maniobras electorales de rasgo antipopular, no son pocos los electores que al abrigo de otro escenario y de circunstancias diferentes habrían favorecido a la derecha, pero la imagen deteriorada de Sarkozy ha menguado sus esperanzas y aseguran que votarán por la izquierda (Hollande), que aunque pobre en promesas de campaña, prevalece en ella —dicen— una actitud de gobernar con mayor eficacia. Al parecer, la consigna es apartar en definitiva a Sarkozy del Palacio del Elíseo.

Mientras, François Hollande, ocupado en temas de gravedad eminentemente social, y yendo aún más allá, ha rendido homenaje el 19 de marzo pasado a los 50 años de los acuerdos de Evian (1962), que proclamaron el fin de la guerra con Argelia; una guerra para él cruel y deshonrosa que envió al otro lado del Mediterráneo a un millón y medio de jóvenes soldados y provocó la muerte de 30.000 de ellos; y arrancado de su tierra natal a un millón de pieds-noirs, cuya mayoría se estableció en Francia; amén del abandono y masacre de miles de harkis (argelinos que apoyaron la presencia francesa durante el conflicto armado, o de aquellos que se establecieron en Francia desde 1962 y que descienden de los harkis repatriados). La guerra con Argelia, dijo Hollande con tono de proselitismo, ha provocado la muerte, asimismo, de centenas de miles de argelinos. “Luego de siete años de un combate brutal librado entre 1954 y 1962, Argelia ha obtenido su independencia y Francia, en los buenos momentos, en los humanos, ha acelerado el proceso de descolonización”.

La guerra con Argelia, concluyó Hollande, fue finalmente reconocida por el gobierno de Lionel Jospin en 1999, e instalada con la ética y equidad que corresponde en la escena cultural y política de Francia… Como puede evidenciarse, cada uno de los candidatos se mueve hacia el 22 de abril de acuerdo con una clara y tenaz ideología personal, mientras los millones de franceses que acudirán a las urnas esperan una vida pública de mayor poder y energía, a la vez que más justa y equilibrada. 

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