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La casa donde se sentenció a Túpac Katari

Fue muy emotivo llegar al lugar que guarda la memoria del descuartizamiento del líder aymara Túpac Katari.

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

00:00 / 16 de junio de 2018

Con los auspicios del Ministerio de Culturas y Turismo, del Gobierno Municipal de Batallas, la subcentral agraria Pajcha Peñas y de otras organizaciones e instituciones invitadas, el 11 de junio se entregó la casa restaurada en la que estuvo preso y fue sentenciado a muerte Julián Apaza, mejor conocido como Túpac Katari, el 14 de noviembre de 1781. Fue muy emotivo llegar al lugar que guarda la memoria del descuartizamiento del líder aymara por los representantes del colonialismo español.

Se dice que la casona restaurada, ubicada en plena esquina de la plaza de Peñas, pertenecía a Joseph de Santa Cruz Villavicencio, padre de Andrés de Santa Cruz y Calaumana, impulsor de la Confederación Perú-Boliviana. Sabemos que Julián Apaza y sus seguidores fueron traicionados por un antiguo aliado, Tomás Inga Lipe, en cercanías a Peñas. Fue Joseph de Santa Cruz quien trasladó a Túpac Katari y a sus compañeros a la ciudad de La Paz para que sean juzgados por su rebelión contra la corona española.

¿Para qué restaurar una casa colonial que estaba en ruinas? Fue una apuesta del Viceministerio de Descolonización y, sobre todo, de su titular, Félix Cárdenas. Su valor histórico reside en guardar la memoria del lugar donde estuvo preso Julián Apaza antes de ser ejecutado en la plaza de Peñas. El juez Francisco Tadeo Díez de Medina, auditor de guerra español, fue quien sentenció a Túpac Katari a la pena capital. También ordenó que fuese sacado de la prisión arrastrado por un caballo, con una soga de esparto al cuello, y conducido a la plaza pública de Peñas, donde fue descuartizado por cuatro caballos.

Después de muerto, para público escarmiento, su cabeza fue enviada a la ciudad de La Paz. Allí estuvo colgada durante tres días en el Alto de K’illik’illi (hoy mirador de Villa Pabón). Y lo propio ocurrió con sus extremidades: su brazo derecho fue enviado al pueblo de Achacachi; el izquierdo, a Sicasica; la pierna derecha, a Caquiaviri; y la izquierda, a Chulumani. Además, se ordenó que el tronco del cuerpo se mantuviese en la horca y después fuese reducido a cenizas, las cuales fueron echadas al viento para que no quede ninguna huella física de Julián Apaza. Toda esta ordenanza fue cumplida a cabalidad.

Al estar en aquel inmueble nos preguntábamos, ¿en qué lugar de la casa estuvo preso?, ¿cómo ocurrió aquel inhumano acontecimiento? En fin. Toca al Ministerio de Culturas y particularmente al Viceministerio de Turismo montar el circuito de la memoria histórica viva de este suceso, tal como lo manifestaron públicamente los comunarios. A su vez, es responsabilidad de las alcaldías de Peñas y de Ayoayo (lugar de nacimiento de Julián Apaza, más propiamente en el ayllu Laqaya) contribuir en esa construcción de la memoria de uno de nuestros líderes anticoloniales más sobresalientes.

Vale la pena saber un poco más sobre algunas acciones del traidor Tomás Inga Lipe. El comandante general de entonces, José de Reseguín, lo declaró “indio noble y leal vasallo”, concediéndole la “merced de la Real Medalla del rostro de su majestad”; y en 1872 fue nombrado alcalde mayor de Achacachi. Construir la memoria histórica de Túpac Katari también significa esclarecer el rol de los traidores, porque hoy en día hay muchos que siguen ese camino colonialista, bajo el nombre de demócratas o amantes de las políticas neoliberales. Qarqa markanwa ma jach’a uta q’umanchapxi. Uka utanwa katuntatayna Tupaj Katari achchilanakasaxa. ¡Jallalla Julián Apaza ukhamaraki Bartolina Sisa!

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