Columnistas

La castaña y su futuro

¿Qué tanto conocemos de esta emblemática especie de la Amazonía boliviana?

La Razón (Edición Impresa) / Daniel M. Larrea *

00:17 / 05 de mayo de 2017

La reducción de la producción de castaña registrada este año en el país (entre el 45 y el 60%) ha motivado diferentes inquietudes y reflexiones sobre qué tanto conocemos de esta emblemática especie de la Amazonía boliviana. La castaña está distribuida en las subcuencas de los ríos Abuná, Yata, Acre y, sobre todo, la del río Beni. Las estimaciones sobre las futuras variaciones de precipitación sugieren una disminución de las lluvias en la época seca y, curiosamente, un aumento de la precipitación para la época de lluvias. Por ejemplo, para la subcuenca del río Beni, que incluye al río Madre de Dios, se estima una disminución de la lluvia en un 4% para la época seca y un incremento del 6% para la época húmeda.

Las implicaciones de estas variaciones de precipitación en la producción de castaña son interrogantes abiertas. Recordemos que la castaña crece en áreas con una precipitación media anual entre 1.400 y 2.800 mm. Un incremento en las lluvias de octubre a diciembre podría favorecer la formación y crecimiento temprano de los frutos. Sin embargo, si los frutos no alcanzan un tamaño que les permita soportar el estrés hídrico de la época seca, específicamente de los meses cuando la precipitación promedio usualmente no supera los 60 mm/mes (entre junio y agosto), la mortalidad de frutos puede ser alta. Esto podría haber ocurrido en el último año y explicar, en parte, la disminución de la producción que experimentamos durante la última zafra.

La floración de la castaña en Bolivia se inicia con las lluvias, y cada árbol puede producir decenas de miles de flores, de las que una pequeña parte (menos del 1%) llegan a formar frutos. Las flores necesitan de la visita de algunas abejas capaces de levantar el capuchón de sus flores y polinizarlas. Es posible que la elevada perdida de las flores se deba a la falta de polinización; es decir, que las abejas no puedan visitar y polinizar todas las flores. A esto se suma que las abejas no viven en el mismo árbol y que la vegetación que rodea los árboles de castaña, donde anidan y viven estas abejas, es clave para mantener estos procesos naturales. Aunque parece una historia bien conocida, en Bolivia conocemos poco sobre las variaciones geográficas de la ecología reproductiva de la castaña y, sobre todo, su relación con el clima. Esto ha originado un conocimiento fragmentado y demasiadas generalizaciones sobre la biología de esta especie.

Junto con definir una agenda prioritaria de investigación que vincule la castaña y el clima, es necesario construir y fortalecer espacios de intercambio de información bajo criterios estandarizados y generar nuevos datos bajo protocolos comunes de investigación que permitan mejorar las prácticas de manejo de la especie, monitorear la relación clima y producción de castaña y, sobre todo, anticipar futuros escenarios socioeconómicamente delicados como el que vivirá todo el sector castañero este año.

* es doctor en Ecología Tropical, miembro de la Asociación Boliviana para la Investigación y Conservación de Ecosistemas Andino-Amazónicos (ACEAA).

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