Columnistas

Un cato de fruta

La hoja de coca es una bendición, pero mal usada se convierte en una maldición

La Razón / A fuego lento - Édgar Arandia

00:00 / 02 de junio de 2013

Desde hace 5.000 años que la coca es parte de la vida cotidiana de las culturas andinas y amazónicas. En 1504, Américo Vespucio ya daba la noticia sobre esta hoja, en la que narra que los habitantes de las costas del Caribe, Venezuela y Colombia la masticaban como estimulante. Él no sospechaba de la importancia de esta práctica que permite, hasta el día de hoy, el funcionamiento de la cohesión social, de los ritos, los sistemas económicos, medicinales y religiosos.

Nicolás de Monardes escribió Historia medicinal de las cosas que provienen de las Indias Occidentales y que se utilizan en la medicina, libro publicado en Sevilla en 1580. Allí describe cómo la coca era utilizada por los médicos indígenas para aliviar y curar varios males, incluyendo los nuevos traídos por los españoles. Durante los 300 años de colonialismo, la hoja de coca generó controversias sobre su constante presencia y uso por los pueblos indígenas. Muchos evangelizadores consideraban que su uso no permitía la sumisión de los indígenas a los nuevos dogmas. Incluso Bartolomé de las Casas se refirió a ella en estos términos: “es muy sucia cosa y engendra grande asco verlas”. En el Concilio de Lima de 1551, apuntalado por estas referencias, los sacerdotes consideraban que la hoja era parte de la resistencia de los indígenas contra la cristianización, a tal punto que el rey de España, en 1569, envío recomendaciones para que se procediera a su eliminación  “por ser parte importante de sus idolatrías, ceremonias y hechicerías”.

La satanización de la hoja comienza con el descubrimiento de la cocaína, según algunos autores, por el científico Gaedke , quien en 1855 aisló la erytrohylina, principio activo de la droga de uno de los 14 alcaloides que contiene. Albert Niemann fue el que bautizó a la nueva droga. Otros autores consideran que el descubridor de la cocaína fue Enrico Pizzi, en su droguería que mantenía en la ciudad de La Paz. Hasta 1917 su comercialización fue legal en Bolivia, en tanto ya había sido declarada ilícita por los norteamericanos.

El tráfico de la droga sigue dando suculentos ingresos, a tal extremo que las dictaduras militares estuvieron involucradas, de alguna manera, con este tráfico. García Meza y su acólito Luis Arce Gómez generaron una red que los protegió durante un largo período, hasta que los abandonaron, fueron capturados y  ahora purgan sus condenas. Esa historia ya la sabemos, pero la preocupación  de muchos bolivianos (sobre todo de los habitantes de La Paz) es que en lugares tradicionales de cultivo de cítricos y otras frutas en los Yungas han sido desplazados por los cocales.

La Asunta es un ejemplo de ello, así como la reciente sustitución de cultivos en Apolo, cuyos pobladores han excedido grandemente las 280 hectáreas permitidas para la coca legal, arguyendo que son zonas “tradicionales” . El Gobierno propone “desarrollo integral” con un presupuesto de Bs 10 millones y $us 24 millones de la Unión Europea para aplacar la insubordinación de los agricultores que, amparados en su Federación, amenazan con actitudes de fuerza. Si no se frena el monocultivo depredador de la coca, nuestro paraíso de chirimoyas, peras, pacayas, paltas, papayas, plátanos, cítricos, ajipas y un sinfín de maravillas pronto se convertirán en un lujo, y correrán el peligro de desaparecer.

En los mercados, la fruta peruana, chilena y argentina está desalojando a la producción nacional, poniendo en riesgo a los pocos productores que, en algún momento, podrían inclinarse por la producción de coca por ser más rentable, con las consiguientes ventajas por el precio del cato superior a la ch’ipa de fruta.

Felizmente,  los valles  bolivianos, donde se produce la uva, no son aptos para la coca. De lo contrario pondríamos en riesgo a toda la incipiente pero vigorosa industria vitivinícola que está generando desarrollo sustentable. La hoja de coca es una bendición, pero mal usada se convierte en una maldición. El mecánico que resuelve los problemas a mi viejo coche me transmitió su idea, alarmado por lo que sucede: —¿Qué tal un cato de coca, y en compensación ¿un cato de fruta?

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia