Columnistas

La chica de Hollande y el G8

La visita de la pareja de Hollande en países muy religiosos podría haber sido motivo de reacción

La Razón / Pablo Mendieta Paz

01:25 / 12 de junio de 2012

François Hollande, flamante presidente de Francia, se estrenó en Estados Unidos en la Cumbre del G8, el grupo de países más industrializados del globo (constituido por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia). Sin duda una cita de gruesa presión para un dirigente mundial en quien el mundo ha puesto los ojos por el misterio en su libreto de política exterior sobre temas cruciales como el conflicto en Siria, el programa nuclear iraní, las reservas estratégicas de petróleo, la crisis griega y, en suma, el futuro del planeta; pues no otra cosa definen estos tribunales de los grandes (el G8 y la OTAN).

Era obvio entonces que sus colegas se preguntaran al comienzo de la cumbre: ¿qué pensará el nuevo presidente de Francia?, ¿cuáles son sus ideas?, ¿tendrá soluciones?

Pero sobre todo —y esto fue lo más llamativo— la pregunta que todos al otro lado del Atlántico se hacían era cómo había que afrontar el hecho de que Hollande no se hubiera casado, y cómo había que llamar a su compañera. CNN dio la pauta: Valérie Trierweiler es su “first girlfriend”, un dicho que podría traducirse como su primera estrecha amiga o su primera pequeña amiga, o su chica... Es por todos sabido que en los Estados Unidos la función de first lady es institucionalizada y merece la mayor atención y cuidado, lo cual no es el caso de Francia. Por ello mismo, la Casa Blanca, a través de una lúcida y sagaz salida del presidente Obama, se apresuró en prevenir una polémica que, nada raro, podría haberse suscitado por el tono siempre sensacionalista de la prensa norteamericana: el portavoz del Presidente estadounidense, sacando a relucir una proverbial como madura diplomacia, una distinción protocolar a toda prueba y una escrupulosa imagen al exterior, declaró que “no existen reglas establecidas sobre la manera cómo estos particulares asuntos deben ser atendidos”, antes de precisar que “Madame Trierweiler ha sido invitada a participar en todos los programas de los mandatarios junto a sus cónyuges”; los cuales giraban en torno a desayunos íntimos, visita a un centro de ayuda a jóvenes de un suburbio pobre de Chicago, espectáculo de danza, etc.

Sin duda que la cuestión protocolar sobre la compañera de Hollande podría haber sido motivo de reacción en países muy religiosos y de libertades restringidas; como Indonesia por ejemplo, donde los ulemas, la más alta instancia religiosa islámica del país, consideran que las relaciones sexuales fuera de matrimonio son haram (prohibidas); e incluso en la India.

Recordemos que a principios de su mandato, el presidente francés Nicolas Sarkozy visitó fugazmente esta nación sin Carla Bruni (espectacular modelo, cantautora y actriz italiana nacionalizada francesa), con quien aún no se había casado; lo cual —por la brevedad de la visita— no dio tiempo a que hubiera algún tipo de repercusión. Luego de su matrimonio, sin embargo, Nicolas Sarkozy regresó a la India con su esposa para visitar el “monumento del amor”, el Taj Mahal, como una especie de reparación a su anterior visita solitaria, pues el portavoz del ministerio de asuntos extranjeros hindú, Syed Akbaruddin, había señalado que “en general nosotros no otorgamos facilidades protocolares más que a esposos y esposas”. Que sirva de lección para los presidentes célibes del Primer o Tercer Mundo…

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