Columnistas

Los chilenos y sus odas a Abaroa

El valor de Eduardo Abaroa sedujo al propio comandante de las tropas chilenas en Calama

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

03:15 / 22 de marzo de 2016

En la Ilíada, Aquiles, ciego de furor, con el pretexto de vengar la muerte de su amigo Patroclo, derrota a Héctor en combate cuerpo a cuerpo, y en un acto de humillación arrastra en forma circular el cuerpo del fallecido, atado a su carroza, a la vista de toda Troya, particularmente de Príamo, padre de Héctor. Este acto es mucho más humillante que la propia muerte de Héctor. Esta imagen de la mitología griega fue un ícono de la victoria, que encontró en la humillación el corolario del éxtasis del triunfador.

En la Guerra del Pacífico (1879), en el caso de Eduardo Abaroa y las tropas chilenas, la humillación se dio a la inversa, pese a la victoria de estas últimas. Los combatientes trasandinos se quedaron perplejos frente al heroísmo (de)mostrado por Abaroa en el Puente del Topáter, y en vez de realizar actos de humillación a sus restos, como si fuera una antípoda del pasaje literario descrito, los chilenos le rindieron un homenaje. 

Si bien los reportes oficiales del combate de Calama mencionan a Eduardo Abaroa en diferentes pasajes como a “segundo jefe de rifleros”, es simplemente para hacer constar la participación que le cupo en las peripecias de la jornada, con el laconismo propio de tales documentos. No obstante, a posteriori desde Chile los reconocimientos a la valentía del defensor boliviano del Puente del Topáter llegaron por doquier.

Paradójicamente, el primer acto de reconocimiento a la actitud valiente del héroe boliviano vino horas después de su muerte, las huestes chilenas rindieron honores militares ante su féretro, marchando por las calles de Calama hasta el camposanto. Incluso su entierro fue hecho con honores de héroe, efectuándose 21 disparos en su honra; y su cuerpo inerte fue envuelto en la bandera chilena a falta de una bandera boliviana.

Otro de los gestos de las autoridades chilenas en Calama posterior a su ocupación con relación al héroe boliviano, según el coronel V. Villagrán, fue “conmemorar su nombre, llamando Abaroa al puente sobre el río Loa que es por donde vá el camino carretero de Calama á Caracoles” (sic). Del mismo modo, uno de los primeros intelectuales chilenos que dio cuenta de la actitud denodada de Eduardo Abaroa fue el periodista, diputado y exministro de Estado  Julio Bañados, quien en un artículo titulado Uno de los héroes de Calama en 1879, escribió: “Los bolivianos (dijo, refiriéndose al combate de Calama) en general pelearon sublimemente, sin esperanza de victoria y tan solo por mantener puro el nombre de su Patria. Entre ellos descuella Eduardo Abaroa, que murió como un héroe de las trincheras”.

Aunque suene a paradoja, el valor de Abaroa sedujo al propio comandante de las tropas chilenas en el campo de batalla de Calama. En efecto, el coronel B. Villagrán, inspirado en la abnegación patriótica del héroe boliviano en el Puente del Topáter, se animó incluso a escribir la primera biografía de Abaroa, en la que señala que éste “no investía carácter militar, pero era boliviano, y sobre todo, un buen patriota”. Entusiasmado por dejar un testimonio de la valiente actitud del defensor de Calama, el coronel chileno se entrevistó con su hermano Ignacio Abaroa, quien le habría expresado de aquél lo siguiente: “su carácter ha sido moral y pacífico y sus modales, de mediana educación”. Además, le proporcionó otros datos biográficos que le permitieron al militar y escritor chileno elaborar la primera semblanza de Abaroa, con el objetivo de visibilizar su heroísmo y el “amor por su patria”.  

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