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La chispa siria

Los recientes bombardeos hebreos en Siria son un mensaje, en realidad, para Irán

La Razón / Carlos Antonio Carrasco

00:01 / 11 de mayo de 2013

Los recientes bombardeos israelíes en Siria, bajo el pretexto de interceptar caravanas que supuestamente transportaban pertrechos bélicos para Hezbolá en el sur del Líbano, es como tratar de apagar incendios usando gasolina. La insurrección contra el régimen de Bachar Al Assad, que comenzó hace dos años como secuela de la primavera árabe de democratización, se transformó en una cruenta guerra civil, que a la fecha ha causado 70.000 muertos.

Tanto el Consejo de Seguridad de la ONU como la Liga Árabe siguen impotentes el curso de los acontecimientos en el intrincado mosaico de intereses religiosos, étnicos, militares y geopolíticos  que enmarcan esa agitada región. Estados Unidos, ya no siendo el poderoso gendarme mundial que arbitraba los pleitos parroquiales en el planeta, hoy, maniatado por las reglas procedimentales de las Naciones Unidas, sólo atinó a trazar una “línea roja” indicando que en el conflicto sirio no permitiría el uso de armas químicas para aplacar a los rebeldes.

Pero, según Carla Del Ponte, comisionada de la ONU, quienes se apoderaron de esos medios y están utilizando gas sarín en la contienda son precisamente los insurrectos. O sea que los peores temores tanto de Rusia como de EEUU se están cumpliendo. Armas de destrucción masiva habrían caído en manos de terroristas afiliados a Al Qaeda, que se han infiltrado en las filas rebeldes sirias.  Mientras Rusia y China apoyan a Siria discretamente, Irán es su más firme sostén junto con Hezbolá, su aliado chiita en el Líbano.

A su vez, Israel manifiesta su tradicional desprecio a la legalidad internacional. En 2008, el ejército israelí destruyó un reactor nuclear en Siria, en una furtiva operación aérea; en 2012 dejó en escombros un depósito de cohetes (destinados a Hamas) en Jartum; y el 30 de enero de 2013, bombardearon un centro de investigaciones situado en la ruta Damasco-Beirut.

Consciente de que la comunidad internacional condena todas sus aventuras bélicas unilaterales, Israel ha resuelto ignorar las resoluciones de la ONU, pues le basta contar con el incondicional apoyo del paraguas americano. Empero, para comprender el reciente desborde israelita, es preciso anotar que durante 30 años Israel y  Siria se toleraban mutuamente por un acuerdo tácito de no agresión, pese a que Hezbolá fuera manumitido de Damasco y de Teherán. Por ello, en el pleito sirio, la neutralidad israelí era prudente, porque si los katibas islamistas y otros radicales destronan a Al Assad, la seguridad judía quedará seriamente comprometida. En esas circunstancias, se debe entender que los recientes bombardeos hebreos son un mensaje, en realidad, para Irán, su enemigo principal, como previniéndole no continuar su abastecimiento militar a Hezbolá. Porque fue ese “ejercito de Dios”, enfrentando en 2006 al Tsahal (el ejército de defensa israelí) con sus aguerridos combatientes, quien hizo recular a los judíos hasta detrás de sus fronteras. Por otro lado, los islamistas sunitas que proliferan en Medio Oriente después del éxito de las rebeliones árabes representan otro verdadero peligro para el Estado judío. Para ellos, Israel es su mayor objetivo estratégico y una vez capturado el poder en Damasco, la lucha  podría continuar contra Tel Aviv.

El dilema para Obama es aún más complejo. Pues saliendo apenas de sus guerras en Irak y en Afganistán, el 62% de los estadounidenses se oponen a una intervención militar en Siria. Además, la experiencia de apoyar la primavera árabe en Egipto, en Libia o en Túnez no ha brindado a EEUU los réditos que esperaba. Por el contrario, es el radicalismo islámico el que ha llenado rápidamente el vacío dejado por los dictadores, aprovechando el juego democrático para tratar de instaurar el orden de la sharia y probablemente caer —galanamente— en la tentación totalitaria.

Con la alternativa militar descartada, sólo queda intentar una solución política, lo que daría la razón al veto ruso y chino que frenaron en el Consejo de Seguridad toda acción armada bajo el manto de las Naciones Unidas.

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