Columnistas

Los ch’utas en Caquiaviri

Si se quiere que la producción sea fructífera, hay que bailar para las plantas y animales

La Razón / Félix Layme Pairunami

01:48 / 17 de enero de 2012

La danza de los ch’utas, sea de cualquier lugar, no se baila sólo por diversión, es parte del pensamiento seminal, y sólo se baila en verano. Se inaugura en Achocalla el 1 de enero y concluye en Pucarani, en la Pascua. El pensamiento “seminal” es seguir el modelo de desarrollo biológico (Kusch); es una de las leyes de la Madre Naturaleza, sus enseñanzas son lecciones invaluables para los andinos. De ella recibieron la sabiduría para crear su cultura y, por cierto, ella también generó una rica diversidad cultural en el escenario andino.

El modelo de la convivencia social lo aprendieron de la Pachamama. El pensamiento seminal es parte de ella, e implica la convivencia armoniosa con las plantas y animales. Para que éstas puedan prosperar, hay que tener fe y dar mucho cariño. No sólo basta sembrar y dejar que la naturaleza se encargue del resto, sino hay que dedicarse por completo. Dentro de lo posible, hay que ofrecer música y danzas; pues con la música se crían mejor los animales. Cuando en Caquiaviri dicen: Urqu ananta (término muy antiguo que pervive hasta hoy), están diciendo copulación de los auquénidos.

Si se quiere que la producción sea fructífera y abundante, hay que bailar para las plantas y animales. Producir música y energía de amor es la visión y misión del ch’uta. Se baila cuando las plantas, en especial la papa, están en proceso de florecer. Éstas, además de agua, necesitan de la música y mucho amor para desarrollarse. Es la exaltación más profunda del amor y la vida.

Caquiaviri es una marka aymara, por lo tanto, su estructura se configura tomando en cuenta las categorías de arriba y abajo, naturalmente tiene un centro, el taypi: el pueblo, ahí está el motor de armonización de contrarios, y todo esto es “el arte de vivir bien en armonía”. Los ch’utas reflejan esa realidad. La fuerza de la lógica económica de reciprocidad crea entre la gente la confianza capaz de forjar una dependencia entre unos y otros,  y ésa es la razón de la sociedad comunitaria. Porque en ese contexto la vida tiene sentido, el trabajo en conjunto siempre prospera cuando se tiene fe en la comunidad. Todo ello responde a un pensamiento de totalidad. Es posible que hayan entes separados, pero siempre estarán en permanente interacción.

La danza de los ch’utas responde a un ritual de amor y convivencia entre el ser humano, sus sembradíos y los animales domésticos. Es una danza elegante, atrayente, formal, ritual, romántica, contagiosa, mística y abrumadora en la cadencia de los movimientos y melodías. Nadie puede escapar de la fiesta; hasta los visitantes ocasionales pasan de observadores a protagonistas.

La música del ch’uta es una armonización del canto a la vida de la mujer y del hombre. La melodía de su música es una serie de respuestas de equidad de género. Es un ritual de unión de contrarios, es amor a la mujer, a las plantas y a los animales; en fin, es “un acto de fe al amor y la vida”. Es la convivencia entre la mujer y el hombre, entre todos los miembros de la comunidad. Tiene que haberse originado en la qhachhwa, danza eminentemente agrícola, hace muchísimo tiempo.

Además de algunos pasos formales, es el caos cuántico, como la naturaleza misma. El ch’uta es básicamente: su traje tradicional, la máscara para los varones y chaquetilla para las damas, entre otros accesorios. Empero hoy se observan distorsiones en el uso de los atuendos. Un ejemplo: bailar sin la careta del ch’uta es lo mismo que bailar sin chaqueta. Los varones, sin máscara ya no podrán hacer las peculiares bromas de voz fingida del ch’uta.

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