Columnistas

Los ciclos de la acumulación del Kapital

¿Estamos presenciando una nueva fase de acumulación primitiva, pero por otros caminos?

La Razón / Gustavo Rodríguez Ostria

01:16 / 30 de marzo de 2012

Karl Marx, en el libro I de Das Kapital, reconstruye la biografía maléfica del modo de producción capitalista. Hoy, el Viejo Topo ya no tiene buena prensa en tiempos descolonizadores, pero su texto continúa siendo imprescindible para entender los secretos y el fetichismo del valor de cambio, la moneda y el plusvalor. La Sección 7, capítulo XXIV es particularmente notable, pues establece cómo,  en una suerte de Big Ban de larga duración, se produjo la emergencia de una economía dominada por el apetito de la ganancia y la propiedad privada de los medios de producción. Su escala fue continental.

En Bolivia este fenómeno, que comenzó con la conquista española, recién cobró cuerpo a fines del siglo XIX. Entonces, una conjunción de capital extranjero y renta de la tierra, extraída por los gamonales del trabajo de miles de siervos indígenas, modernizó la producción de mineral de plata (y luego de estaño). Capitalismo a la postre esmirriado y encuevado en la minería sin articulación con otros sectores productivos, salvo la agricultura de algunos alimentos. Fue la Revolución Nacional de 1952, de la que pronto se cumplirán 60 años, que expandió, usando las dádivas del Estado, las fronteras geográficas y sectoriales del capital. Creció, al ampliarse el número de concurrentes, el mercado interno. La transferencia, por no decir saqueo, de los recursos públicos se convirtió en una condición de existencia de una nueva clase burguesa, que creció en condición parasitaria y especulativa. El campo financiero y el comercial, pero no el industrial, atrajeron particularmente su mirada. En el mejor de los casos indujo en el Oriente la explotación en gran escala de la tierra, generosamente dotada por el Estado, sustrayéndola de las comunidades y pueblos indígenas (como había ocurrido en el Occidente a fines del siglo XIX)

¿Estamos presenciando una nueva fase de acumulación primitiva, pero por otros caminos? Dentro la actual economía política gubernamental, la transferencia de recursos no tiene ya el propósito de incrementar la acumulación privada, sino que adquiere una forma de subsidios (bonos) que buscan promover asistencia a los sectores más desposeídos. Paralelamente, sin embargo, se están incrementando, al margen del Estado, otras modalidades de acumulación, que recuerdan los procesos descritos por Marx en su conocido capítulo. El narcotráfico o el contrabando (a gran o pequeña escala), cumplen ese papel. Aunque sus montos sean limitados en relación al conjunto de la economía, sus redes sociales y económicas son amplias y difuminadas.

Históricamente no se trata, empero, de un fenómeno privativo de Bolivia. En la Chicago de la prohibición, por ejemplo, la venta de bebidas alcohólicas redituó altísimas ganancias que luego engrosaron los circuitos “legales” del capital. ¿Sucede (o sucederá) lo mismo entre nosotros? Por ahora, dado que por su propia naturaleza no deja datos contables, existen algunas sospechas de su orientación hacia la especulación inmobiliaria. Lo singular del asunto es que a diferencia de lo ocurrido en la Bolivia decimonónica liberal o la populista del 52, no son las élites tradicionales las que sustentan o aprovechan del proceso acumulativo; por el contrario involucran y se desparraman en medio de protagonistas procedentes de sectores sociales anteriormente excluidos.

Es presumible que, como resultado, se estén reconfigurando los propios sujetos sociales, traduciéndose en la emergencia de nuevos grupos de poder, con distintas culturas políticas, hábitos y modos de ser. Aún es temprano, sin embargo, para vaticinar cuál será su incidencia futura en la política nacional.

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