Columnistas

El cielo por asalto

No olvidaré ese marzo en el que creí que los sueños se podían tomar por asalto, gritando de pasión

La Razón / Jaime Iturri

00:10 / 16 de diciembre de 2011

Quizá sea la llegada del fin de año que a uno le da saudade y los recuerdos del pasado se agolpan; o me estaré poniendo viejo y melancólico pero de pronto me vino a la mente esas jornadas de marzo de 1985. Esos días en los que pensábamos que podíamos tomar el cielo por asalto, en los que no habíamos madurado para comprender que eso sería posible años después, cuando descubrimos que la democracia también podía ser de los pobres.

En esos días, retumbaban las dinamitas sobre las calles de la Mariscal Santa Cruz y yo miraba extasiado que de pronto todo lo leído, todo lo soñado podía hacerse realidad. Un grupo de mineros envolvió en dólares, decomisados a un librecambista, un pequeño cachorro y lo hizo explotar. Los pedazos de los billetes volaban por el cielo como queríamos hacer volar al gobierno “hambreador”.

Esos días el periódico de mi partido, Masas, salía cada jornada y muy temprano íbamos a las calles para venderlo. Todavía me veo en la Buenos Aires, esquina Max Paredes, subiendo a los micros hablando de una lucha armada que por suerte nunca necesitamos que llegara. Era todo un trabajo, porque después yo era el encargado de recoger la plata para poder hacer que la imprenta siguiera funcionando.

En las tardes asistíamos a los ampliados de los mineros, a las marchas y a la cocina de la UMSA, donde se preparaban los alimentos para los miles de trabajadores del subsuelo que llegaban hasta La Paz. En las noches, los que no tenían reunión iban a acompañar a los mineros en las guitarreadas.

Dormíamos dos o tres horas, y éramos felices a pesar de que comíamos un solo plato al día y teníamos las plantas de los pies muy adoloridas. Pero no importaba, en esos días todo era certezas.

Luego, los trabajadores se negaron a tomar el poder, Hernán Siles adelantó las elecciones, los letreros en la universidad decían “los mineros volveremos, con las armas volveremos”. Pero lo que vino fue la victoria de la derecha; el neoliberalismo; la destrucción de la Comibol; las relocalizaciones, la marcha por la vida que no pudo llegar a La Paz; la diáspora; el horror de ver que ese pueblo que tanto había luchado en las calles votaba por los fachos y sus aliados, que habían encontrado puentes para pasar los ríos de sangre.

Tardamos 20 años en ver la luz de nuevo. La lucha de los ninguneados hizo posible que con los votos se volviera a plaza Murillo. Sí, ha pasado mucha agua bajo el puente pero nunca olvidaré esos billetes de dólar hechos añico sobre el pavimento de la levantisca La Paz; ni tampoco ese marzo en el que creí que los sueños se podían tomar al asalto, mordiendo los dientes o gritando de pasión.

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